
Todos hemos pasado por ahí. Estás viendo un clásico de los 90 o una peli de animación, te ríes con tus padres y, aunque crees que lo pillas todo, tu cerebro infantil está filtrando la realidad a niveles épicos. Resulta que nuestra infancia cinematográfica está llena de malentendidos que ahora, con unos cuantos años más a las espaldas, nos hacen estallar la cabeza.
El gran fraude de Kevin McCallister
Empecemos por uno de los traumas más colectivos: la película de gánsteres que Kevin usa para asustar al repartidor de pizza en Solo en casa. Muchos pasamos años preguntando en el videoclub por Angels with Filthy Souls, solo para descubrir que esa película no existe. Fue rodada exclusivamente para el film de Macaulay Culkin. Nos engañaron en nuestra propia cara y nos encantó.
Shrek y los momentos para adultos
DreamWorks siempre ha sido la reina de los mensajes ocultos, pero lo de Lord Farquaad es de otro nivel. Esa escena en la que está en la cama, mirando el espejo mágico y revisa debajo de las sábanas con cara de felicidad… Bueno, de pequeños pensábamos que le gustaba mucho su pijama, pero la realidad es bastante más picante de lo que recordábamos.
El Chokey de Matilda no era obligatorio
La señorita Trunchbull nos dejó una cicatriz psicológica con su famoso Chokey. Hubo una generación entera de niños que fue al colegio con el miedo real de que, si se portaban mal, acabarían encerrados en un armario lleno de clavos y cristales rotos. Resulta que era solo una hipérbole cinematográfica, pero el susto no nos lo quita nadie.
Lecciones de anatomía y amor felino
¿Recordáis El Rey León y la canción ‘Can You Feel the Love Tonight’? Mientras Simba y Nala correteaban por la selva, muchos de nosotros pensábamos que simplemente estaban jugando a pelearse como gatitos. La mirada de Nala al final de la escena tiene ahora un significado completamente distinto para nuestro yo adulto. ¡Vaya con el ciclo de la vida!
El misterio de los pendientes en Tú a Londres y yo a California
Muchos niños creyeron que perforarse las orejas con una manzana y una aguja era un procedimiento médico estándar o incluso un requisito legal para ser gemelas separadas. La realidad es que solo era una escena de lo más antihigiénica que nos hizo ver las manzanas con otros ojos durante años.
En definitiva, volver a ver estas películas es como descubrir un mundo nuevo. Hollywood sabía perfectamente lo que hacía: entretener a los niños mientras lanzaba guiños constantes a los padres que estaban sentados en el sofá sufriendo el vigésimo visionado de la semana.
