Una mujer de Kansas cobra la jubilación de su madre fallecida durante seis años ocultando el cuerpo en casa

Una mujer de Kansas cobra la jubilación de su madre fallecida durante seis años ocultando el cuerpo en casa
Lynn Ritter, una residente de Kansas, ha sido condenada a prisión federal tras ocultar la muerte de su madre durante seis años. Su objetivo era seguir percibiendo ilegalmente los beneficios de la Seguridad Social y pensiones privadas, acumulando un fraude que supera los 200.000 dólares.
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Hay personas que tienen dificultades para despedirse de sus seres queridos, pero lo de Lynn Ritter, una mujer de Kansas, es un caso que redefine el concepto de picaresca macabra. Lynn ha sido sentenciada recientemente en un tribunal federal tras descubrirse que mantuvo el cuerpo de su madre oculto en su domicilio durante nada menos que seis años con un único y lucrativo objetivo: seguir pasando el recibo de las pensiones.

Un secreto muy bien guardado

La historia comenzó en el año 2011, cuando la madre de la protagonista falleció por causas naturales a la respetable edad de 94 años. En lugar de seguir los trámites habituales y dar parte a las autoridades, Lynn decidió que era mejor mantener la situación en estricta intimidad. Durante más de un lustro, el cuerpo permaneció en la vivienda de Overland Park mientras la maquinaria burocrática seguía enviando dinero como si nada hubiera pasado.

El negocio de las pensiones de ultratumba

Gracias a este silencio sepulcral, Ritter se embolsó fraudulentamente unos 216.000 dólares provenientes de la Seguridad Social y de varios fondos de pensiones. La estafa funcionó a la perfección hasta que, en 2017, la realidad llamó a su puerta. Tras ser descubierta, la justicia no ha tenido mucha piedad con este plan de ahorro tan poco convencional, calificando los hechos como fraude electrónico y ocultación deliberada de un fallecimiento.

Sentencia y reflexión en la sombra

El juez federal ha dictado finalmente una sentencia de seis meses de prisión, seguidos de otros seis meses de arresto domiciliario. Además, Lynn tendrá que lidiar con la obligación de devolver cada céntimo de ese botín obtenido de forma tan tétrica. Una lección de vida —y de muerte— que nos recuerda que, aunque el dinero no tenga olor, los secretos familiares guardados durante seis años en el salón de casa, posiblemente sí lo tengan.