
Aterrizar en Australia es, para muchos, el cumplimiento de un sueño: playas salvajes, koalas adorables y, supuestamente, un postre legendario. Al menos, eso es lo que pensaban Sarah y Jess, dos influencers (o al menos así lo indica la cobertura) procedentes de Canadá y Estados Unidos, que se embarcaron en una aventura oceánica con una meta clara: catar el famoso hot pie australiano.
El sueño dulce que acabó siendo salado
Nuestras protagonistas, recién llegadas a Sídney, estaban listas. Habían oído maravillas del «pastel caliente» que hacía las delicias de los locales. En su cabeza, esta mítica delicia no podía ser otra cosa que la versión australiana del pastel de manzana o cualquier otra maravilla azucarada, servida calentita y lista para el postre.
La búsqueda del hot pie perfecto se puso en marcha. Se imaginaban la cremosidad, el dulce de la fruta, quizás la canela… La realidad, sin embargo, golpeó con la fuerza de un boomerang mal lanzado. Cuando finalmente se encontraron cara a cara con el famoso pastel caliente, la revelación fue, digamos, nutritiva pero dramática. El hot pie australiano es, ni más ni menos, que el icónico pastel de carne, o meat pie, una institución culinaria rellena de carne picada y salsa.
Drama en redes: «Estoy devastada»
La decepción fue tal que decidieron compartir su calvario gastronómico en redes sociales. El vídeo o las publicaciones originales se llenaron de comentarios, y la sorpresa fue palpable: “Literalmente, viajamos a Australia para esto. Estoy devastada”, lamentaban, al parecer, en su blog de viaje o TikTok. Esperaban azúcar; recibieron ternera. Es como ir a Valencia por la paella y que te sirvan un cocido madrileño. Ambas cosas son geniales, pero no cumplen las expectativas iniciales.
Y es que para un australiano, un hot pie es sinónimo de meat pie, un alimento básico que se consume en cualquier evento deportivo o descanso del trabajo. Es la versión local del fast food tradicional. La confusión surgió, probablemente, de la falta de contexto cultural: el término «pastel caliente» sin más calificativo, en un entorno anglosajón, podría perfectamente evocar un postre. Pero, señoras y señores, estamos en Australia. Y aquí, el pastel que manda es el que lleva carne.
Una lección de geografía culinaria (y de Google)
El incidente ha generado un debate hilarante sobre la importancia de investigar un poco antes de planificar un viaje gastronómico internacional. ¿Cómo es posible que no buscaran una imagen antes de cruzar el mundo? Quizás la emoción del viaje les nubló el juicio. Aunque la decepción fue real, el pastel de carne australiano es una joya de la comfort food, ideal para reponer fuerzas después de un largo día. Esperemos que, superado el trauma del postre perdido, nuestras turistas decidieran darle una oportunidad a esta maravilla salada. O que al menos se dieran una vuelta por la sección de postres, donde seguro encontrarían algo dulce, aunque no fuera «el» famoso hot pie.
La moraleja es clara: si vas a Australia a buscar un pastel caliente, asegúrate de especificar si quieres azúcar o carne. La cultura gastronómica es un campo minado lleno de deliciosos malentendidos.
