A ver, seamos sinceros: el patinaje artístico ya tiene suficiente drama por sí solo con los saltos imposibles y los trajes de lentejuelas. Pero la Unión Internacional de Patinaje (ISU) decidió subir la apuesta con una polémica tan ridícula que parece sacada de una parodia. ¿El protagonista? Nada menos que Freddie Mercury y su legendario himno a la euforia: «Don’t Stop Me Now».
El veto más surrealista de la historia del hielo
Todo empezó cuando una patinadora, que se estaba preparando para los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 (aunque esta historia es de hace tiempo, el escándalo sigue fresco), eligió la canción de Queen para su rutina. Un temazo que garantiza el subidón de adrenalina, ¿verdad? Pues no para la ISU, que puso el grito en el cielo y levantó el pulgar hacia abajo.
La ISU tiene una norma, y es bastante sensata, que busca mantener la limpieza en el deporte: prohíbe que la música usada en competición haya sido cantada o grabada por artistas que hayan sido sancionados por dopaje. ¡Ojo! La regla es para evitar cualquier conexión, por tenue que sea, con el dopaje deportivo. Es decir, si un atleta gana una medalla con trampas, su música podría vetarse en el futuro.
Cuando el «control antidopaje» se extiende al difunto
El problema vino cuando algún genio en los despachos de la ISU intentó aplicar esta regla al inmortal Freddie Mercury. Su razonamiento, que es donde la cosa se pone de cachondeo, era que el vocalista de Queen era conocido por haber consumido drogas recreativas a lo largo de su vida. Es decir, que los responsables del patinaje artístico estaban equiparando el uso de cocaína y otras sustancias por parte de una estrella del rock en los años 80 con el dopaje deportivo reglamentario.
Imaginamos la escena en la reunión de la ISU: «Disculpen, ¿están comparando la fiesta en Ibiza de Freddie con un positivo en EPO?» Pues sí, lo estaban haciendo. La conclusión era que, dado que Mercury había consumido sustancias, «Don’t Stop Me Now» debía ser censurada en la pista de hielo. ¡El patinaje se quedaba sin Queen!
El ridículo internacional forzó la marcha atrás
Naturalmente, la noticia se filtró y provocó una ola de indignación y, sobre todo, muchas risas. El escrutinio público fue tan intenso y la lógica tan endeble, que la ISU tuvo que dar marcha atrás con la cola entre las piernas más rápido que un patinador después de un triple axel fallido. Se dieron cuenta de que la regla de dopaje se refería específicamente a atletas y figuras deportivas que hubieran sido sancionadas en el marco de una competición, y no a la vida personal (y ya pasada) de músicos y cantantes.
Menos mal. Porque si empezamos a aplicar la moralidad estricta y los controles antidopaje a todos los artistas que han grabado la música usada en el patinaje, probablemente tendríamos que patinar en silencio. Imaginen la lista de vetados: ¡media historia del rock se quedaría fuera! Al final, la música de Queen se salvó, la patinadora pudo usar su temazo y la ISU aprendió (esperemos) que hay que leer la letra pequeña de las normas antes de censurar a una leyenda.
La moraleja, amigos: si vais a ser patinadores olímpicos, mejor elegid música grabada por monjes de clausura. Si no, quizá os prohíban la rutina porque el bajista se tomó demasiados vinos en la vendimia de 1997. ¡Que paren ya!




