
¡Menudo giro de guion! Si creías que los problemas de la élite moderna eran cosa seria, espera a escuchar este drama histórico digno de una comedia negra. Retrocedemos en el tiempo hasta la época en que ser un ‘Dogo’ no era un meme viral, sino el puesto de mayor prestigio y poder en la gloriosa República de Venecia. Eran, básicamente, el jefe supremo de todo el tinglado lagunar, con un título vitalicio y todo el boato que conllevaba.
Uno esperaría que, tras un servicio ejemplar (o, bueno, al menos largo), estos ilustres líderes se retiraran a una vida de opulencia, paseando en góndola mientras les echan flores y dinero. ¡Pues no! Parece que la administración veneciana tenía un departamento de recursos humanos que era más tacaño que un estudiante en febrero. O, quizás, la inestabilidad política se cobró un precio inesperado.
Según parece, una serie de ‘recortes presupuestarios del Dogo’ (sí, incluso los Dogos se hacían recortes a sí mismos o a sus predecesores) dejó a varios ex-mandatarios, que habían ostentado el título de por vida, en una situación económica desesperada. ¡Desempleados y con la nevera más vacía que la agenda de un jubilado en agosto! Imagínense la escena: el tipo que una vez gobernó la joya del Adriático, teniendo que depender de la caridad para llevarse un plato de pasta a la boca. Un auténtico descalabro de prestigio.
El pánico cundió entre la nobleza y los ciudadanos menos arruinados. No tanto por una preocupación genuina por el bienestar de sus ex-gobernantes, sino más bien por la vergüenza social que implicaba. ¿Cómo iba a ser Venecia respetada si sus antiguos líderes supremos tenían que hacer cola en el comedor social? El escándalo era mayúsculo y el prestigio, por los suelos.
La noticia de estos ‘recortes’ provocó una auténtica oleada de recaudación de fondos y donaciones privadas. Fue una carrera frenética para asegurar que estos ‘ex-Dogos’ pudieran llevarse algo decente a la boca. La situación no solo subraya las precarias condiciones de las pensiones y la seguridad social de la época (o su total inexistencia para los cargos de este calibre una vez que el estado decidía apretarse el cinturón), sino que también ofrece un contraste hilarante entre el poder ceremonial y la cruda realidad económica. Un recordatorio imperecedero de que, da igual cuán alto llegues, si te tocan los presupuestos, puedes acabar a dieta forzosa. Un drama absurdo con tintes de vodevil histórico, ideal para una serie de Netflix.
