El irónico cierre de un café de gatos por invasión de roedores

El irónico cierre de un café de gatos por invasión de roedores
El Purrfect Bean, un café de gatos en Richmond, echa el cierre por una ironía digna de guion: ¡problemas de higiene causados por roedores! A pesar de tener felinos residentes, los inspectores detectaron excrementos, comida caducada y falta de jabón. Una "cat-ástrofe" que dejó a los gatos sin negocio y a los clientes atónitos.
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Agárrense, amantes de los gatos y de las historias con un giro inesperado, porque lo que vais a leer es la crónica de un desastre felino-roedor sin precedentes. «The Purrfect Bean», ese entrañable café de gatos en Richmond (Virginia), donde podías disfrutar de tu café con la mejor compañía peluda, ha tenido que echar el cierre. ¿El motivo? Podría parecer un guion de comedia negra: ¡problemas de salud y… excrementos de roedores!

Sí, habéis leído bien. Un establecimiento dedicado a estos majestuosos cazadores por excelencia, los gatos, ha tenido que bajar la persiana debido a la presencia de ratones. La historia se coció a fuego lento, o mejor dicho, a inspección sanitaria lenta. En octubre, el Departamento de Salud de Virginia se pasó por el local y no le gustó lo que vio, otorgándole una puntuación de 67 sobre 100, con varias infracciones críticas. Entre ellas, la más llamativa: ¡excrementos de roedores a la vista!

Pero la cosa no quedó ahí. En una inspección de seguimiento, la puntuación bajó aún más, a un desolador 66. Los inspectores no solo se toparon de nuevo con la evidencia de la visita de los pequeños intrusos (paquetes de alimentos roídos y más excrementos), sino que también descubrieron una larga lista de otras lindezas: comida almacenada a temperaturas inadecuadas, productos caducados, envases dañados, moscas revoloteando por la cocina y, para rematar, ¡falta de jabón para lavarse las manos!

Resulta que ni la presencia constante de gatos, que se supone que son los depredadores naturales de estos bichillos, fue suficiente para mantener a raya a la plaga. La gerencia del café anunció primero un cierre temporal para abordar los problemas, pero poco después, a través de sus redes sociales, comunicó la dolorosa decisión de cerrar definitivamente. Un auténtico «fail» que nos deja una lección: ni los gatos, por muy monos que sean, pueden resolver todos los problemas de higiene si no se les echa una pata (o se les da un buen friegue). La ironía, en este caso, se sirve fría y con bigotes.