Samsung no se vende RAM a sí misma: la extraña guerra de precios interna

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Imagine la escena: una de las mayores empresas tecnológicas del mundo, Samsung, necesita componentes cruciales para fabricar sus productos. Lógico, ¿verdad? Lo que no es tan lógico, o más bien, es una de esas genialidades (o despropósitos, según se mire) del mundo corporativo, es que en lugar de comprárselos a su propia división, ¡decida irse de compras a la competencia! Sí, amigos, esto ha pasado de verdad y es más jugoso de lo que parece.

La protagonista de esta historia es la memoria RAM, esa pieza fundamental para que nuestros ordenadores y móviles funcionen como es debido. La división Foundry de Samsung, encargada de fabricar chips para terceros (y para otras divisiones de Samsung), necesitaba DRAM a tutiplén. Lo normal sería llamar a la puerta de su hermana, la división Memory de Samsung, que es ni más ni menos que uno de los mayores productores de memoria del planeta. Pero, ¡sorpresa! Los coreanos prefirieron irse al mercado y adquirir esas preciadas piezas a rivales directos como Micron y SK Hynix. ¿Por qué demonios haría una empresa algo así?

Aquí es donde entra en juego la magia de los números y las finanzas internas. Resulta que la división Memory de Samsung no ha pasado por su mejor momento. La demanda global de chips de memoria ha estado de capa caída, provocando un exceso de oferta y, claro, una bajada de precios considerable. Para evitar que las pérdidas se dispararan aún más y que sus balances quedaran hechos un cristo (con esas amortizaciones de inventario que tanto dolor de cabeza dan), la división Memory decidió establecer un precio de transferencia interno tan alto que, simplemente, no salía a cuenta para la división Foundry. Es decir, les salía más barato pagarle a la competencia que a su propia casa. ¡Una locura, pero con lógica contable!

Esto nos demuestra que incluso en un gigante como Samsung, las divisiones operan casi como empresas independientes, con sus propias metas de rentabilidad y gestión de pérdidas. La crisis del sector de semiconductores ha llevado a los fabricantes a buscar estrategias drásticas para controlar inventarios y, por supuesto, intentar estabilizar o subir los precios. El objetivo es claro: reducir la producción y esperar a que el mercado se recupere para volver a las sendas de la rentabilidad.

Así que la próxima vez que te quejes de lo cara que está la RAM, piensa en esto: hasta Samsung ha tenido que hacer malabares para conseguirla, demostrando que, a veces, los chanchullos internos de una empresa pueden ser tan enrevesados y divertidos como cualquier chismorreo de vecinos. Cosas de la vida, y de las multinacionales, que nunca dejan de sorprendernos con sus decisiones «familiares».