Un rascacielos de lujo aterriza en los Alpes Suizos y revoluciona Vals

Un rascacielos de lujo aterriza en los Alpes Suizos y revoluciona Vals
Un ambicioso proyecto planea construir un rascacielos de 381 metros, el "7132 Tower", en el pintoresco pueblo suizo de Vals. Diseñado para turistas de lujo, esta mole generó una enorme controversia local: ¿progreso económico o una monstruosidad arquitectónica que arruinará el idílico paisaje alpino? La torre está dando mucho que hablar.
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Imaginad los Alpes Suizos: montañas majestuosas, aire puro, vacas pastando tranquilamente y, de repente, ¡zas!, un rascacielos que le saca los colores a las cumbres más altas. Pues esto no es un chiste, sino el ambicioso plan que tiene revolucionado al pintoresco pueblo de Vals, en la remota Suiza.

El protagonista de este cuento montañés es el «7132 Tower», una mole de 381 metros de altura que, si se construye, sería como si un gigante de cristal y acero se hubiera perdido en el paraíso de Heidi. El nombre, por cierto, es bastante original: se lo deben al código postal de Vals. ¡Qué nivel de marketing!

Detrás de esta visión (o alucinación, según a quién preguntes) está el arquitecto estadounidense Thom Mayne, de Morphosis Architects, y el empresario local Remo Stoffel. Su idea es levantar un hotel de superlujo con 107 habitaciones, spa de ensueño y restaurantes de alta cocina. Vamos, que quieren atraer al turismo más elitista para que disfruten de las vistas… desde su piso centésimo y pico en medio de la montaña. Para que os hagáis una idea, este armatoste sería el segundo edificio más alto de Europa, pisándole los talones a The Shard de Londres. Y atención al dato: si contamos su base montañosa, ¡superaría al mismísimo Empire State! Casi nada.

Como era de esperar, semejante propuesta ha dividido a la gente de Vals más que un queso suizo recién cortado. Por un lado, están los que ven la luz al final del túnel: empleos a tutiplén, un chorro de turistas adinerados y dinero fresco para revitalizar la economía local. ¡El progreso llama a la puerta!

Pero, por el otro, tenemos a los puristas, a los que se llevan las manos a la cabeza. Han formado el comité «IG Gegen Valserturm» (Grupo de Interés Contra la Torre de Vals) y no se andan con rodeos: lo califican de «monstruo arquitectónico», una aberración que destrozaría el paisaje idílico, la esencia tradicional de Vals y, de paso, la fama de sus relajantes baños termales. Dicen que es una afrenta al buen gusto y al sentido común.

La cosa tiene su punto divertido, porque en 2012 se hizo un referéndum donde se aprobó la «arquitectura de gran altura». Claro, una cosa es «gran altura» y otra es plantar un coloso que le hace la competencia a los picos nevados. La gente ahora se pregunta: «¿Esto es lo que votamos? ¡Ni en pintura!».

Así que, mientras unos sueñan con el champán en las alturas y vistas que quitan el hipo, otros tiemblan pensando que Vals podría perder su alma montañesa para convertirse en la torre más alta de la postal. Habrá que ver si este gigante de cristal y cemento se queda en papel o si, un día de estos, lo vemos desentonar (o brillar, según la perspectiva) entre los majestuosos Alpes.