
Agárrense, que la excentricidad ha subido un peldaño. En el vibrante y concurrido mundo de la joyería india, donde destacar es casi un superpoder, un tal Chandrashekhar, joyero de Mumbai, ha decidido no solo destacar, sino deslumbrar… literalmente. Y no, no hablamos de sus piezas, sino de su propia anatomía, o al menos, de lo que queda de ella.
Chandrashekhar no tuvo mucha suerte en su juventud, pues un infortunado accidente le hizo perder uno de sus ojos, obligándole a usar una prótesis. Una situación que muchos intentarían disimular, él la ha convertido en su seña de identidad más valiosa. ¿Qué te parece si, en vez de un ojo de cristal de toda la vida, le ponemos un diamante? Y no uno cualquiera, ¡uno de dos quilates! Parece el guion de una película de supervillanos con estilo, pero es la cruda y brillante realidad.
La idea, por supuesto, no fue un capricho de última hora. Este joyero, con una visión de negocio tan afilada como sus gemas, buscaba una forma única de promocionar su negocio. En sus propias palabras, quería ser un ‘trendsetter’, un pionero, alguien que marcara la pauta. Y si no lo ha conseguido con esto, que baje Dios y lo vea (con dos quilates, a ser posible).
El proceso, como era de esperar, no fue cosa de un paseo por el parque. Los médicos especializados tuvieron que trabajar con sumo cuidado para incrustar la gema en el ojo protésico, asegurándose de que la visión de Chandrashekhar –o la falta de ella– fuera, al menos, espectacular. El coste de esta pequeña locura brillante ascendió a unos 15 lakhs de rupias, que al cambio son unos 20.000 eurazos, una inversión considerable para un “accesorio” personal.
Su padre, al principio, se lo tomó con la típica preocupación paternal: «¿Pero, Chandrashekhar, qué haces? ¿Estás loco?» Pero al ver la determinación de su hijo y, probablemente, la publicidad gratuita que esto generaría, seguro que se le pasó. Y es que, ¿quién no va a recordar al joyero con un diamante en el ojo? Es el tipo de anécdota que se cuenta en las cenas y que te hace buscar su tienda en Google al instante. Si hay que gastarse un pastizal para que hablen de ti, ¿por qué no hacerlo con algo que brille hasta en la oscuridad?
