El trágico giro del hombre que se enamoró de los osos de su patio

El trágico giro del hombre que se enamoró de los osos de su patio
Daniel St. Martin, un residente de Washington, encontró un destino irónico tras ser atacado mortalmente por un oso en su propiedad. Días antes, había compartido orgullosamente fotos de osos merodeando por su jardín con su familia. Es el primer ataque fatal en el estado en más de medio siglo, y el oso ya ha sido rastreado y sacrificado.
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La vida, a veces, nos gasta bromas de un humor muy, muy negro. Y en este caso, la protagonista de la función es una historia que tiene de todo: naturaleza salvaje, un puntito de obsesión y una ironía que te deja con la boca abierta. Agarraos, porque lo que le pasó a Daniel St. Martin, un hombre de 64 años de Washington, no es apto para aprensivos ni para aquellos que piensen que los osos son solo achuchables peluches.

Resulta que Daniel era, digamos, un entusiasta de la fauna local. De hecho, no hace ni una semana que andaba enviando fotos a su familia, orgulloso como un roble, de los inquilinos peludos que se paseaban por su propiedad en el condado de Pend Oreille. Sí, habéis adivinado: osos. Grandes, negros y, al parecer, con un apetito por los dramas shakesperianos, porque lo que vino después fue digno de guion de película de terror con final inesperado.

La cosa es que, días después de esas instantáneas tan ‘cuquis’, el bueno de Daniel fue hallado sin vida. ¿La causa? Un ataque de oso. Como lo oís. La misma criatura (o una de sus primas hermanas, que para el caso es lo mismo) que quizá posó para sus fotos, fue la que, según las autoridades, le quitó la vida. Y la ironía no acaba aquí. ¿Sabéis cuándo fue el último ataque fatal de oso en el estado de Washington? Hace más de 50 años. Sí, Daniel ha tenido la ‘suerte’ de romper esa racha.

La familia, que no era tonta, ya le había advertido sobre los osos. «Ten cuidado, Daniel», le dirían, con esa mezcla de preocupación y resignación que solo la familia puede tener. Pero ya se sabe, la cabra tira al monte y Daniel, parece ser, a la naturaleza salvaje sin medir demasiado los riesgos. Las autoridades, por su parte, no han estado quietas. Llevaban un tiempo siguiendo los pasos de un oso bastante grande por la zona, un macho de unos 180 kilos. Tras el suceso, lo identificaron como el culpable y, bueno, el oso ya no podrá mandar postales con sus fotos a su familia. Ha sido sacrificado.

Así que, la próxima vez que veáis a un animal salvaje, por muy fotogénico que sea, recordad la historia de Daniel. A veces, la naturaleza nos recuerda quién manda, y no precisamente con buenas maneras. Un final agridulce para un hombre que, irónicamente, se fue como vivió: rodeado de los osos que tanto le gustaban.