Dos días en el barranco: la historia de una abuela y su perro héroe

Dos días en el barranco: la historia de una abuela y su perro héroe
Kathleen Douthit, de 72 años, sobrevivió dos días en un barranco de California tras caer 45 metros. Su fiel labrador, Carol, permaneció a su lado, alertando a los equipos de rescate. La mujer, herida y deshidratada, fue encontrada gracias a su bastón y la lealtad de su perro, en una historia de supervivencia increíble.
0
0

Imagina el panorama: un día de paseo con tu mejor amigo peludo por las empinadas laderas de California, y de repente… ¡zas! Te caes por un barranco de casi 50 metros. Pues eso es exactamente lo que le pasó a Kathleen Douthit, una intrépida abuela de 72 años, pero aquí no acaba la cosa, ¡ni mucho menos!

Nuestra heroína, Kathleen, y su inseparable labrador negro, Carol, estaban disfrutando de un agradable paseo cerca del lago Whiskeytown cuando el suelo decidió gastarle una mala pasada a Kathleen. Un traspiés, y abajo que fue, barranco abajo, unos impresionantes 45 metros. Esto ocurrió un domingo por la tarde, y la pobre Kathleen se encontró atrapada, herida y deshidratada, con un panorama un tanto… digamos, vertical.

Dos días. Sí, has oído bien, dos días pasó esta valiente mujer en el fondo del barranco. Pero no estaba sola. A su lado, como un ángel de la guarda peludo, su perra Carol. La lealtad canina es algo que nunca deja de sorprendernos, ¿verdad? Mientras Kathleen usaba su bastón de senderismo, que llevaba muy a mano, para hacer señales a quien pudiera pasar, Carol no se despegó ni un centímetro. No pidió comida, no se fue a buscar ayuda a la desesperada, simplemente estuvo allí, dándole calor y compañía, probablemente pensando: «Vaya lío, abuela, ¿otra vez nos metemos en estas?».

Los equipos de rescate de la Oficina del Sheriff del Condado de Shasta ya estaban en marcha. Habían recibido el aviso de su desaparición, y la búsqueda estaba activada. La zona era, para variar, de esas que no te invitan a un paseo tranquilo, con pendientes pronunciadas y vegetación densa. Pero la perseverancia es clave, y el martes, por fin, vieron algo: un bastón. ¿Quién lo diría? Un simple bastón, el que Kathleen había estado agitando con sus últimas fuerzas. Y justo al lado del bastón, ¿quién apareció? ¡Bingo! Nuestra perrita Carol, que con su presencia confirmaba que había algo más que un trozo de madera.

Y allí estaba Kathleen, en el fondo del precipicio, viva. Una imagen que debió ser de película para los rescatistas. El helicóptero de la Patrulla de Carreteras de California, H-16, fue el encargado de la extracción. Imaginad la escena: una cesta de rescate bajando hasta el barranco para sacar a nuestra protagonista. Un viaje de vuelta a la civilización que seguro fue de los más gratificantes de su vida.

Aunque un poco deshidratada y con algunas heridas (normal, después de la que le ha caído encima), Kathleen está fuera de peligro y recuperándose en el hospital. Es la prueba de que, a veces, la resistencia humana y el amor incondicional de un animal pueden con casi todo. ¡Un aplauso para Kathleen y un buen festín de huesos para la gran Carol! Historias como esta nos recuerdan por qué los perros son realmente el mejor amigo del hombre… o, en este caso, de la abuela.