12 Famosos que Arruinaron sus Carreras con una Sola y Terriblemente Mala Decisión

12 Famosos que Arruinaron sus Carreras con una Sola y Terriblemente Mala Decisión
Descubre cómo estrellas de Hollywood y leyendas de la música mandaron sus carreras al garete en un abrir y cerrar de ojos. Desde cambios de cara irreconocibles hasta disfraces caseros desesperados. Un repaso lleno de humor a las peores decisiones de la historia del espectáculo.
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El estrellato en Hollywood y en la industria musical es un terreno resbaladizo. Un día estás en la cima del mundo, ganando premios y millones, y al siguiente, una sola decisión cuestionable te manda directo al pozo del olvido. A veces es un papel espantoso, otras es un ataque de ego desmedido o simplemente un cambio de look mal calculado. Hoy repasamos las historias de aquellos famosos que dinamitaron su propia carrera con un solo paso en falso.

Las 12 Peores Decisiones en la Historia del Espectáculo

  1. Billy Squier: Un baile para olvidar

    En 1984, Billy Squier era uno de los dioses del rock duro en EE. UU., coleccionando exitazos de ventas. Pero todo se fue al traste cuando lanzó el videoclip de su tema Rock Me Tonite. Ataviado con ropa color pastel, ejecutando movimientos de baile de lo más rarunos y arrastrándose por sábanas de seda, la coreografía chocaba frontalmente con su imagen de tío rudo y trabajador. En aquel entonces, MTV estaba en pañales pero tenía un poder destructivo increíble. Las burlas fueron despiadadas y destrozaron su credibilidad. Él mismo admitió que odiaba el vídeo, pero el daño ya estaba hecho.

  2. Mike Myers: El gurú que nadie pidió

    Antes de 2008, Mike Myers era un pilar absoluto de la comedia gracias a pelotazos como Austin Powers y Shrek. Pero entonces llegó The Love Guru (El gurú del buen rollo). Una película que el propio Myers coescribió y protagonizó sobre un peculiar guía espiritual que ayuda a un jugador de hockey. La crítica no tuvo piedad: la tildaron de estar plagada de estereotipos ofensivos y el público simplemente la ignoró. Fue uno de los mayores batacazos comerciales de la década de los 2000, provocando que Myers casi desapareciera por completo como protagonista de carne y hueso.

  3. Sean Young: Una campaña felina desesperada

    En los vibrantes años 80, Sean Young despuntaba gracias a obras maestras como Blade Runner, aunque ya arrastraba fama de ser un poco «difícil» en los rodajes. Tras ser reemplazada por Kim Basinger en el primer Batman de Tim Burton (¡por romperse un brazo montando a caballo!), Young vio su oportunidad cuando se anunció Batman Returns. Se enfundó un traje casero de Catwoman, se presentó en los estudios sin avisar y comenzó una campaña pública de acoso y derribo para conseguir el papel de villana. Los ejecutivos lo vieron como un acto de extrema desesperación y falta de profesionalidad. Al final, Michelle Pfeiffer se llevó al gato al agua, y la carrera de Young comenzó a decaer irremediablemente.

  4. Madonna: Barrida por la crítica

    Nuestra indiscutible reina del pop, Madonna, llevaba años intentando que se la tomara en serio en la gran pantalla. Y oye, con Evita (1996) ganó un Globo de Oro y parecía que por fin cruzaba el umbral hacia el cine de prestigio. ¡Pero no! En 2002 protagonizó Swept Away (Barridos por la marea), un remake dirigido por su marido de entonces, Guy Ritchie. Fue un desastre de proporciones épicas que barrió con los infames premios Razzie. Las burlas hacia su actuación fueron tan demoledoras que enterraron para siempre sus esperanzas de ser la estrella principal de cualquier otra película seria.

  5. Garth Brooks: El extraño caso de Chris Gaines

    Imagina ser el artista de country que más discos vende en el mundo en 1999 y, de repente, decidir que quieres ser un rockero emo. Eso le pasó a Garth Brooks. Se inventó un alter ego llamado Chris Gaines para la banda sonora de una supuesta película que jamás vio la luz. Brooks se tomó el papel tan a pecho que daba entrevistas como Gaines y hasta actuó en el célebre Saturday Night Live disfrazado y con una actitud súper dark. Los fans se quedaron atónitos ante semejante nivel de indulgencia propia. El proyecto fue el hazmerreír de la industria y frenó en seco su, hasta entonces, intachable ascenso.

  6. Chris O’Donnell: Un Robin sin alas

    Todo el mundo daba por hecho en los 90 que Chris O’Donnell iba a ser la nueva megaestrella masculina de Hollywood, especialmente tras lucir el antifaz de Robin en Batman Forever. Sin embargo, en 1997 aterrizó en los cines Batman & Robin. Considerada de forma unánime como una de las peores (y más ridículamente estrafalarias) películas de superhéroes de todos los tiempos, sus infames trajes con pezones y diálogos de chiste paralizaron la carrera fílmica del pobre Chris. Hasta le cancelaron el spin-off que ya le tenían preparado. Literalmente, Hollywood le cortó las alas.

  7. Terence Trent D’Arby: El ego que mató a la estrella

    Con un álbum debut increíblemente exitoso en 1987, Terence Trent D’Arby (hoy Sananda Maitreya) era aclamado por la crítica y comparado con Prince. En lugar de disfrutar del momento de forma humilde, ofreció una entrevista en la que dejó caer la siguiente «perla»:

    «Mi álbum debut es el disco pop más importante y mejor desde el Sgt. Pepper’s de The Beatles».

    Esa salvaje muestra de arrogancia eclipsó por completo su talento. Aunque él afirmó después que solo imitaba la extrema confianza del boxeador Muhammad Ali para llamar la atención, el público no perdonó la soberbia y sus siguientes trabajos pasaron sin pena ni gloria.

  8. Jennifer Grey: Un cambio de cara imperdonable

    ¿Quién no recuerda a Baby en la mítica Dirty Dancing? Tras el pelotazo mundial de la película, Jennifer Grey estaba destinada a comerse la pantalla. Pero tomó la fatídica decisión de someterse a dos rinoplastias seguidas. El resultado alteró tanto sus facciones que, durante una alfombra roja, el propio Michael Douglas no logró reconocerla. Este radical cambio de identidad confundió al público y a la industria justo cuando necesitaba consolidarse. Como ella misma admitiría más tarde, fue el bisturí el que le cortó su prometedora carrera.

  9. Elizabeth Berkley: Atrapada en Las Vegas

    La icónica empollona de Salvados por la campana ansiaba desencasillarse y conseguir papeles adultos y jugosos. Así se topó con Showgirls, un supuesto drama erótico de prestigio bajo la batuta de un director renombrado. Por desgracia para Elizabeth Berkley, la película descarriló brutalmente. La crítica despedazó el guion y su histriónica actuación. Berkley se convirtió en el saco de boxeo de los programas nocturnos de humor y, según sus propias palabras, se pasó dos años enteros en los que la industria ni siquiera le permitía presentarse a una sola audición.

  10. David Caruso: Las prisas no son buenas

    Para los más nostálgicos: corría el año 1993 y David Caruso era la sensación televisiva gracias al bombazo de NYPD Blue (Policías de Nueva York). Pero los cantos de sirena de la gran pantalla le tentaron demasiado rápido. Tras solo una temporada y media de quejas por su salario, abandonó abruptamente la exitosa serie creyéndose ya una estrella de cine. El problema es que sus películas, como El sabor de la muerte, se estrellaron sin compasión. Pasaron años hasta que pudo limpiar su reputación (gracias a CSI: Miami), pero su marcha sigue siendo hoy en día el gran ejemplo de lo que no debes hacer cuando triunfas en televisión.

  11. Geena Davis: Un naufragio millonario

    En los años 90, la ganadora del Oscar Geena Davis gozaba de un caché envidiable y el respeto absoluto de Hollywood. Dispuestos a conquistar el cine de aventuras, ella y su entonces esposo, el director Renny Harlin, capitanearon La isla de las cabezas cortadas (1995). Los costes se inflaron a lo bestia y el rodaje fue un infierno. El resultado fue un desastre de taquilla tan mayúsculo que no solo arruinó la reputación de Davis como heroína de acción, sino que contribuyó enormemente a la bancarrota de Carolco Pictures, el legendario estudio detrás de Terminator 2.

  12. Kevin Costner: Ahogado en su propia vanidad

    Hubo una época en la que Kevin Costner era absolutamente intocable, un auténtico imán para la taquilla con peliculones como Bailando con lobos o El guardaespaldas. Pero en 1995, el ego chocó contra el iceberg llamado Waterworld. Un rodaje caótico, sobrecostes locos y la prensa destripando cada detalle forjaron su nueva imagen de divo derrochador. Lejos de aprender la lección, en 1997 dirigió y protagonizó Mensajero del futuro (The Postman), que terminó siendo apaleada por la crítica. Estos dos proyectos megalómanos destruyeron, de la noche a la mañana, su estatus de chico dorado de la industria cinematográfica.