¡Menuda liada! Imagínate la escena: estás tranquilamente por tu barrio en el condado de Fairfax, Virginia, y de repente te encuentras con un zorro rojo que parece estar haciendo un número de escapismo… con el cuello. Sí, un pobre cánido, seguramente más curioso que listo, se las ingenió para meter la cabeza por un hueco en una valla metálica y, claro, la operación «sacar el resto del cuerpo» no le salió tan bien. ¡Zas! Atrapado como un pato mareado.
Los pobres agentes del Departamento de Policía del Condado de Fairfax recibieron el aviso y, sinceramente, debieron pensar que era una broma. ¿Rescatar a un zorro atascado? No es precisamente lo que te enseñan en la academia. Pero allá que fueron, con su mejor cara de póker y, seguramente, pensando en el titular de «Odd News» que esto iba a generar.
Lo que sigue es una masterclass de improvisación. Los agentes se encontraron al animalito con la cara de «ayuda, por favor» más adorable que un zorro puede poner. Intentaron, supongo, lo obvio. Pero como no se podía tirar de él sin peligro, sacaron la artillería pesada: una herramienta de tracción, también conocida como «come-along». Para los que no somos ingenieros ni expertos en vallas, es como una especie de gato hidráulico manual, pero para tirar. La usaron para separar con cuidado los postes de la valla, abriendo un hueco lo suficientemente grande para que el pobre zorro pudiera retirar su cabeza, que ya debía tener ganas de volver a su sitio natural.
Y como en toda buena historia con final feliz, el zorro, sin un rasguño y probablemente algo avergonzado por el bochornoso incidente, salió disparado. Literalmente. Se despidió de sus «salvadores» a la velocidad del rayo, como diciendo: «¡Aquí no ha pasado nada! ¡Y por favor, no subáis esto a internet!». Demostró, una vez más, que la fauna salvaje a veces necesita un empujoncito de los humanos… especialmente cuando se meten en líos por curiosos.
Una historia que nos recuerda que hasta los animales más astutos tienen sus días tontos y que, a veces, la heroicidad se encuentra en los rescates más inesperados y graciosos. ¡Bravo por esos agentes que, además de luchar contra el crimen, son unos auténticos manitas para liberar zorros!




