En 1938, Douglas Corrigan despegó de Nueva York con plan de vuelo a California y apareció 28 horas después en Irlanda. Culpó a la brújula y a las nubes…
El 17 de julio de 1938, el aviador estadounidense Douglas Corrigan despegó de Nueva York con un plan de vuelo de regreso a California y, unas 28 horas después, aterrizó en Irlanda. Su explicación: se había desorientado entre las nubes y la brújula le había fallado. Casi nadie se lo creyó, pero Estados Unidos lo rebautizó para siempre como Wrong Way Corrigan, «el de la dirección equivocada».
¿Por qué nadie se creyó el despiste de Corrigan?
Porque llevaba años pidiendo justo ese vuelo. Corrigan había solicitado a las autoridades aéreas de su país permiso para cruzar el Atlántico y se lo habían denegado una y otra vez. Su avión era un Curtiss Robin de 1929, un monoplano de ala alta comprado de segunda mano en 1933 y muy modificado desde entonces.
Al final consiguió permiso para volar de California a Nueva York, con una condición: volver después a California. El 17 de julio despegó de madrugada del aeródromo Floyd Bennett Field, en Brooklyn, y puso rumbo al este. Ver, lo que se dice ver, veía poco: los depósitos de combustible extra, montados delante de su asiento, le tapaban la vista al frente y solo podía mirar por los lados.
¿Cómo fue el vuelo de 28 horas sobre el Atlántico?
Sobre el océano, una fuga de gasolina que arrastraba sin reparar fue a más y encharcó el suelo de la cabina. La solución de Corrigan fue tan práctica como inquietante: abrió un agujero en el suelo con un destornillador para que el combustible se escurriera fuera, lejos del tubo de escape.
El 18 de julio tomó tierra en el aeródromo de Baldonnel, cerca de Dublín. Allí explicó que había salido hacia California y que se había liado con las nubes y la brújula.
¿Qué castigo le cayó por volar a Irlanda sin permiso?
Casi simbólico: una suspensión de la licencia de piloto de 14 días. La sanción terminaba el 4 de agosto, el mismo día en que él y su avión desmontado llegaron a Nueva York a bordo del transatlántico Manhattan.

En Nueva York le esperaba un desfile de confeti por Broadway. El New York Post habló de un millón de personas vitoreándole y, fiel al personaje, imprimió el titular de portada al revés: «HAIL WRONG WAY CORRIGAN». Un error de imprenta deliberado, al contrario que el del sello del biplano boca abajo, que salió sin querer.

¿Admitió alguna vez Corrigan que lo hizo a propósito?
En público, nunca. Corrigan defendió la versión de la brújula hasta su muerte, el 9 de diciembre de 1995. Eso sí, le sacó partido a la fama: en 1939 se interpretó a sí mismo en la película The Flying Irishman, de RKO. Su Curtiss Robin se expone hoy en el museo Planes of Fame de Chino (California), adonde llegó en 2019.
Irlanda, por cierto, también sabe de picarescas de manual, como el golpe de la cabina telefónica. Tienes más rarezas así en estos datos históricos surrealistas.
Hay despistes que acaban en multa. El suyo acabó en un desfile por Broadway, una película y un apodo que ha sobrevivido a todos los que dudaron de él.
Vía Amusing Planet, con datos de History.com, HistoryNet, This Day in Aviation, Vintage Aviation News y Wikipedia.
Imagen de portada generada con IA.




