Clare Farrell, una residente de Doncaster, ha vivido unos días de auténtica agonía. Su querida gata, Willow, una minina de dos añitos, había desaparecido sin dejar rastro el pasado 10 de junio. Ocho días eternos pasaron, llenos de llamadas desesperadas, pósteres por todo el barrio y la esperanza desvaneciéndose poco a poco. Cualquiera que haya tenido un animal sabe lo que se sufre en estas situaciones de incertidumbre.
Pero, como si de un guion de comedia con final feliz se tratara, el destino (y la curiosidad gatuna) tenía un plan muy peculiar para Willow. El lunes siguiente, mientras Clare y su hijo Liam estaban fuera, Liam escuchó un maullido que le resultó extrañamente familiar. ¿De dónde venía? ¡Pues nada menos que del cubo de basura de un vecino! Y no de cualquier cubo, sino de uno que estaba a punto de ser vaciado por los servicios de recogida. ¡Imagina el drama inminente!
La escena debió ser digna de una película: el vecino, a punto de sacar el contenedor a la acera, y Liam, pidiéndole que esperara porque creía que su gata estaba dentro. Y, efectivamente, allí estaba Willow, la audaz exploradora, entre los restos de basura general. El artículo menciona que en el contenedor no había restos de comida, solo lo que se describe con mucho tacto como «un olor poco agradable». ¡Menuda «aventura» se había marcado la señorita Willow!
Clare, aliviada y un poco incrédula, cuenta que la gata estaba «un poco apestosa» (algo lógico, considerando su improvisado alojamiento) pero, milagrosamente, completamente ilesa. Como si los ocho días de desaparición y la experiencia en el «hotel cubo de basura» no hubieran sido más que un leve inconveniente. «Parecía estar de muy buen humor, feliz de volver a casa y de no acabar en el camión de la basura», comentó Clare, probablemente entre risas y algún que otro «puf» por el olor residual.
La teoría más extendida es que Willow pudo haberse metido en el cubo buscando algo de calor o quizás un rincón para echar la siesta, y luego no pudo salir. Una lección para todos: revisar los cubos de basura antes de que pasen los servicios, ¡nunca sabes qué sorpresas gatunas pueden esconder! Y así, con un final de película (y un buen baño para la protagonista, sin duda), Willow volvió a su hogar, lista para su próxima, esperemos que menos «aromática», aventura.




