
Imaginad la escena: es viernes por la mañana, estáis de camino al trabajo por la Interestatal 70 en Oak Park, Missouri, pensando en vuestros planes de fin de semana, y de repente, el tráfico se detiene por completo. ¿Un accidente? ¿Obras? ¡Qué va! La razón es mucho más… bovina. Varias vacas han decidido que la autopista es un campo de juego ideal y se han puesto a pastar a sus anchas, o a corretear, o a hacer lo que las vacas hacen cuando se sienten libres y sin rumbo fijo.
La situación, que bien podría haber salido de un guion de película de comedia o de un episodio de «Grandes Chistes de Carretera», requirió la intervención no solo de la Patrulla de Carreteras del Estado de Missouri, sino también de la policía de Kansas City, los bomberos y hasta los servicios de animales. Es decir, una movilización digna de una fuga de prisión, pero con pezuñas y mugidos en lugar de sirenas y esposas.
Los valientes agentes se vieron inmersos en una especie de «Lejano Oeste» moderno, con un sargento de la Patrulla de Carreteras de Missouri, un tal Bill Lowe, incluso intentando usar un lazo para atrapar a una de las reses. ¡Un vaquero en plena autopista! Mientras tanto, el resto del equipo intentaba, con más o menos éxito, pastorear a los animales, algunos de los cuales parecían tener más experiencia en esquivar obstáculos que un campeón de parkour. De hecho, una de las vacas, quizás intentando un atajo o simplemente buscando una salida más dramática, terminó cayendo en una zanja, añadiendo un extra de complicación a la ya surrealista jornada.
El caos fue considerable. Kilómetros de atascos y conductores que, seguramente, pensaban que estaban viviendo una alucinación matutina. Pero, finalmente, y gracias al esfuerzo conjunto de todas las fuerzas de seguridad (y, probablemente, a la paciencia infinita de alguien), todas las vacas fueron acorraladas y puestas a salvo. Lo más importante es que, a pesar de la insólita aventura y el tremendo follón, no se reportaron heridos ni daños graves, más allá del orgullo de algún conductor frustrado y, quizás, el cansancio de los agentes convertidos en improvisados ganaderos. Un viernes inolvidable para todos los que tuvieron el «privilegio» de presenciar este peculiar rodeo urbano.
