Una presentadora australiana pide disculpas tras ser captada bebiendo vino en directo a las seis de la mañana

Una presentadora australiana pide disculpas tras ser captada bebiendo vino en directo a las seis de la mañana
La televisión en directo no perdona y una presentadora australiana lo ha aprendido de la manera más amarga, o más bien afrutada. Tras aparecer en pantalla disfrutando de una copa de vino tinto durante el informativo matinal, ha tenido que pedir perdón públicamente por el inoportuno brindis.
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Hay mañanas en las que el café simplemente no es suficiente para despertar, pero lo que le ha ocurrido a esta presentadora australiana ha llevado el concepto de desayuno de campeones a un nivel completamente inesperado. En un descuido que ya es historia de la televisión, la periodista fue pillada por las cámaras dándole un tiento a una copa de vino tinto a las seis de la mañana, en pleno directo.

Un brindis antes de tiempo

La situación, que ha dejado a los espectadores entre la risa y el asombro, ocurrió debido a un error de coordinación entre el equipo de realización y la propia presentadora. Según se ha detallado, ella pensaba que todavía no estaban en el aire o que se estaba emitiendo un vídeo pregrabado. Sin embargo, la señal volvió a plató justo cuando ella se disponía a degustar el caldo, dejando una imagen que se ha vuelto absolutamente viral en cuestión de horas.

Disculpas con sabor a tinto

Ante el revuelo generado, la protagonista no ha tenido más remedio que salir al paso y pedir disculpas. Ha aclarado que el vino formaba parte de un segmento gastronómico que se grabaría más tarde y que simplemente estaba comprobando el producto. A pesar de la explicación técnica, admitió que la imagen de una presentadora bebiendo alcohol a las seis de la mañana no es la más adecuada para un espacio informativo serio. La profesionalidad ha imperado tras el desliz, aunque el momento ya ha quedado grabado en los anales de los gazapos televisivos más divertidos de Australia.

El incidente subraya una vez más los peligros de los micrófonos abiertos y las cámaras encendidas cuando uno menos se lo espera. Al final, todo ha quedado en una anécdota curiosa que demuestra que, incluso en el periodismo más rígido, siempre hay lugar para un momento de espontaneidad involuntaria que humaniza a quienes nos dan las noticias cada día.