
Una comunicación por radio que desató el caos
Todo comenzó con una simple consulta por radio. Los agentes de policía de Austin (Indiana) se toparon con un vehículo aparentemente sospechoso y pidieron a los despachadores del condado de Scott que contactaran con la Policía Estatal de Indiana (ISP). La respuesta que recibieron por la emisora fue el caldo de cultivo perfecto para el desastre:
«Las unidades de Austin y la ISP informan que todas sus unidades están en una reunión en la base, no son ellos»
Con esa rotunda confirmación en mente, los agentes locales iniciaron una trepidante persecución a la furgoneta justo a las afueras del pueblo. A la fiesta se unieron rápidamente ayudantes del sheriff del condado de Jackson y la policía de Brownstown. Habían leído la matrícula, que pertenecía al Departamento de Administración en Indianápolis, pero nadie tenía muy claro qué significaba que fuera un vehículo de la flota estatal. Ante la duda, los agentes asumieron lo peor: alguien había robado el camión o estaba haciéndose pasar por un oficial de la ley.
Pinchos en la carretera y un arresto digno de película
La tensión iba en aumento mientras la persecución continuaba hacia el norte por la autopista Indiana 39. En una curva cerrada a la derecha, un avispado agente de Brownstown decidió cortar por lo sano y desplegar una banda de pinchos. Mientras tanto, el conductor «fugitivo», que no era otro que el agente estatal Rick Stockdale, miraba por el retrovisor de su unidad camuflada y comunicaba sus dudas a su propia central de radio:
«¿Sabéis qué problema tiene el condado de Jackson? Parece que me están alcanzando yendo a toda prisa»
Poco después, los pinchos destrozaron el neumático delantero de la furgoneta, que resultó ser nada menos que el camión de emergencias del escuadrón de artificieros. Lejos de intentar dialogar, los envalentonados agentes locales sacaron sus armas reglamentarias, ordenaron salir a Stockdale a punta de pistola y lo esposaron en pleno arcén.
El pobre agente estatal, probablemente sin dar crédito a la escena surrealista que estaba viviendo, intentó explicarse: «Soy un oficial de la policía estatal, del escuadrón de bombas, y voy a cubrir un aviso». Pero los locales, convencidos de que estaban ante un impostor o un peligroso ladrón de coches, le respondieron: «Ya hemos contactado con la ISP y nos dijeron que nadie debía estar haciendo nada».
«Acabo de pincharle las ruedas a un puñetero policía estatal»
Eventualmente, alguien en la centralita sumó dos más dos. La despachadora de la policía estatal contactó por fin con el condado de Scott y dejó caer la bomba (metafórica, claro):
«Oye, soy Christi de la policía estatal. Me acabo de dar cuenta de que es uno de nuestros chicos yendo a un aviso de bomba.»
La reacción en la emisora local fue un sonoro y clarividente «OMG», seguido de un despachador reprochando a sus colegas: «Literalmente les ha llamado dos veces, ¿por qué narices no nos lo dijeron?»
A pie de carretera, las caras de los agentes debieron ser un auténtico poema cuando se dieron cuenta de su monumental metedura de pata. Las disculpas no tardaron en llegar: «Perdón por el gran contratiempo», se excusó un abochornado oficial de Austin. Otro compañero, de forma mucho más directa, resumió el sentir general de toda la patrulla: «Acabo de pincharle las ruedas a un maldito policía estatal».
Luces, sirenas y una rueda de repuesto para salvar el día
Para investigar la «pequeña confusión» entre compañeros de gremio, llegó al lugar el agente estatal Mark Naylor. Mientras el agraviado Stockdale cambiaba la rueda pinchada de su camión en el arcén, Naylor fue entrevistando uno por uno a cada oficial involucrado.
A pesar del susto de verse encañonado por la policía, Stockdale solo quiso dejar clara una cosa para el atestado oficial: «Asegúrate de poner lo correcto en la historia. Las luces y las sirenas. Estaban encendidas. Eso es lo más importante, que mis luces y sirenas estaban puestas». Por su parte, Naylor zanjó el asunto con un pragmático y muy sensato: «Salgamos todos de aquí y olvidemos este maldito desastre».
Con la rueda nueva instalada y el orgullo intacto, Stockdale volvió a encender sus ansiadas luces y sirenas. Consiguió llegar al lugar de la amenaza de bomba nada menos que dos horas después de que se reportara el dispositivo sospechoso. Afortunadamente para todos, la presunta bomba de fabricación casera resultó ser una falsa alarma y no un artefacto explosivo real.
Curiosamente, ningún departamento policial accedió a dar entrevistas para explicar en televisión cómo era posible que sus canales de radio no se hubieran comunicado entre sí. La excusa oficial fue que escuchar todas las frecuencias a la vez es poco práctico porque ahogaría el tráfico propio. Sin duda, una justificación técnica perfecta para intentar enterrar una de las anécdotas policiales más ridículas y cómicas de los últimos tiempos.
