
Hay formas y formas de demostrar que no tragas a tu jefe, pero lo de esta oficial de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) en Maryland ha cruzado todas las fronteras éticas y legales. Courtney L. King ha pasado de vigilar la seguridad nacional a estar en el punto de mira de la justicia federal por un motivo que parece sacado de una comedia gamberra: el uso estratégico de bombas de purpurina.
El brillo de la venganza
Según la investigación, King no se limitó a ponerle mala cara a su supervisor en la oficina. Presuntamente, la agente utilizó su acceso privilegiado a bases de datos gubernamentales restringidas para rastrear la dirección personal de su superior. Una vez obtenida la ubicación, el plan maestro de hostigamiento se puso en marcha. No envió una carta de queja a recursos humanos, sino paquetes diseñados para explotar en una nube de brillo imposible de limpiar al ser abiertos, una técnica conocida popularmente como glitter bombing.
Un chiste que termina en el juzgado
Aunque enviar purpurina por correo pueda sonar a una trastada de secundaria, el contexto lo cambia todo. Acceder a sistemas informáticos del Gobierno para fines personales y realizar acciones de acoso sistemático está penado con dureza. La oficial ahora se enfrenta a cargos que incluyen el uso indebido de registros oficiales y acecho. Lo que comenzó como un intento de llenar de brillo el salón de su jefe ha terminado por empañar su carrera profesional de forma, posiblemente, definitiva. Parece que en el servicio federal, el glitter no es precisamente el mejor amigo de un agente.
