
¿Quién dijo que a los 105 años uno solo puede dedicarse a ver las nubes pasar? Sor Anne Higgins ha decidido que la mejor forma de celebrar su más reciente vuelta al sol es, literalmente, dándole un buen golpe a una bola de golf. Esta religiosa de Maryland, que lleva nada menos que 82 años dedicada a la vida espiritual, ha demostrado que el swing no se pierde ni con un siglo de experiencia a las espaldas.
Un golpe con mucha fe
El evento tuvo lugar en un club de campo local, donde la hermana Anne fue la protagonista indiscutible de la jornada. No se trataba solo de soplar velas y comer tarta; la misión principal era enfrentarse al tee de salida. Con una energía que ya querrían muchos adolescentes, la centenaria monja agarró el palo y realizó un golpe ceremonial que dejó claro que su conexión con el campo de golf es casi tan fuerte como su vocación religiosa. Los asistentes no daban crédito al ver la soltura y la técnica con la que manejaba la situación.
Sor Anne Higgins no es precisamente una recién llegada al mundo del deporte. A lo largo de su extensa vida, ha sabido combinar su labor en la congregación de las Hermanas de Notre Dame de Namur con su pasión por los hoyos y los greens. Para ella, mantenerse activa es parte fundamental del secreto de su asombrosa longevidad, y visto lo visto, parece que el birdie es el mejor elixir de juventud que existe en el mercado.
Lecciones de vida a pie de campo
Más allá de la anécdota divertida, la historia de Sor Anne es un recordatorio de que los intereses personales no tienen por qué chocar con una vida de entrega y espiritualidad. Mientras muchos se preguntan qué dieta seguir para vivir más, ella parece tener la respuesta clara: fe, comunidad y mucha práctica con el putter. Tras su exitoso golpe, la monja golfista recibió el cariño y la admiración de todos los presentes, consolidándose como la jugadora más veterana y, sin duda, la más carismática de todo el estado de Maryland.
