Una gresca felina escala a puñaladas y desplantes raciales

Una gresca felina escala a puñaladas y desplantes raciales
Una mujer de Liverpool ha evitado la cárcel tras amenazar con apuñalar a sus vecinos y proferirles insultos raciales por una discusión sobre un gato callejero. Donna Louise Jones, de 43 años, se indignó porque los O'Shaughnessy daban de comer al felino, desatando una brutal gresca que acabó con cuchillo en mano y ofensas xenófobas.
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¿Quién diría que un inocente gato callejero podría ser el catalizador de una auténtica liada parda? Pues en Liverpool, la cosa fue a más, muchísimo más. Una vecina, Donna Louise Jones, de 43 años, se ha librado por los pelos de una temporada entre rejas después de protagonizar un numerito que ni en la mejor comedia negra. ¿El motivo? Una discusión con sus vecinos, Stephen y Julie O’Shaughnessy, sobre un felino que ellos, con toda la buena intención del mundo, habían decidido alimentar.

La historia se remonta a abril de 2017. Los O’Shaughnessy, con su corazón de oro, estaban dando de comer a un gato que pululaba por el vecindario. Pero claro, lo que para unos era un acto de bondad, para Donna Louise fue una declaración de guerra felina. La mujer, convencida de que estaban intentando «robarle» el gato –sí, sí, el gato callejero–, montó en cólera y se plantó en la puerta de sus vecinos con un plan… ¿cómo decirlo? Extremadamente exagerado.

Ni corta ni perezosa, Jones apareció blandiendo un cuchillo de cocina como si fuera un maestro de ceremonias de un circo de terror, amenazando con «apuñalar» a sus vecinos. Pero la cosa no se quedó ahí. En su arranque de furia gatuna, la mujer se soltó la melena con una ristra de insultos raciales dirigidos a Stephen, de ascendencia irlandesa, y le soltó algún que otro improperio homófobo a Julie. Vamos, que la gresca, que empezó por un ‘miau’, acabó siendo un festival de xenofobia y homofobia con arma blanca incluida. ¡Menudo cuadro!

La trama llegó a la Audiencia de Liverpool, donde se juzgó a Donna Louise por agresión y delito de orden público agravado racialmente. El juez Robert Trevor-Jones, con la cara que se le quedaría al escuchar el origen de semejante esperpento, describió su comportamiento como «desagradable, aterrador y criminal». Sin embargo, y aquí viene la parte que quizás sorprenda a más de uno, la señora Jones no pisará la cárcel.

Resulta que la defensa alegó que Donna Louise sufría de estrés postraumático, ansiedad y depresión, además de estar en tratamiento contra el cáncer, y que hasta entonces había sido una persona de buena conducta. Teniendo todo esto en cuenta, y seguramente con un parpadeo ante la surrealista motivación del incidente, el juez optó por una pena de prisión suspendida de 12 meses, un requisito de actividad de rehabilitación de 15 días, 40 horas de trabajo no remunerado y, por supuesto, una orden de alejamiento de cinco años. Así que, la próxima vez que veáis un gato callejero, recordad que no todos los «miau» terminan igual, y algunos pueden desatar una tormenta que ni el más dramático de los felinos.