
El primer día de colegio suele ser una mezcla de nervios, reencuentros y la pereza de volver a la rutina. En la Moody Elementary School de Bradenton, Florida, decidieron añadir un ingrediente extra a la receta: el pánico desatado. Todo transcurría con la normalidad de cualquier lunes por la mañana. Los niños, en el patio, disfrutando del recreo. ¿Qué podría salir mal?
Pues bien, en una de las ramas de un árbol del patio colgaba un objeto que atrajo la atención de los más curiosos: un panal de abejas. Y no era un panalito cualquiera, no. La crónica lo describe como un gigante del tamaño de un balón de baloncesto, un auténtico bloque de pisos para insectos zumbadores que, hasta ese momento, vivían su vida tranquilamente.
Fue entonces cuando uno de los estudiantes, en un alarde de ingenio que pasará a los anales del colegio, decidió que la mejor forma de empezar el curso era interactuar con la colmena. Su método fue simple pero efectivo: coger una piedra y lanzarla contra el panal. El objetivo de su hazaña sigue siendo un misterio, pero las consecuencias fueron inmediatas y espectaculares.
La que se lió fue monumental. La piedra impactó y, como era de esperar, las abejas no se lo tomaron nada bien. Cientos de ellas, muy enfadadas, salieron en enjambre dispuestas a repartir aguijones a diestro y siniestro. El patio se convirtió en una escena de caos absoluto, con niños y profesores corriendo en todas direcciones para escapar de la furia alada. El recreo había terminado de la forma más abrupta posible.
Una vez pasada la tormenta de picotazos, llegó el momento de hacer recuento de heridos. El balance final fue de una veintena de niños y dos adultos (una profesora y una asistente) atendidos por los servicios de emergencia. Un estudiante, que ya tenía alergia a las picaduras, fue trasladado al hospital por precaución, aunque por suerte todo quedó en un susto y fue dado de alta poco después.
Como colofón a este accidentado primer día, la dirección del centro tuvo que llamar a una empresa de control de plagas para que se encargara de desalojar a las cabreadas inquilinas del árbol. Los padres, por su parte, recibieron una carta informativa resumiendo la intensa jornada. Sin duda, una vuelta al cole que ninguno de los alumnos de la Moody Elementary School olvidará fácilmente. Lección del día: si ves un panal, déjalo en paz.
