Un zoológico interactivo ilegal y una sinagoga clandestina desatan la locura en un barrio residencial de Nueva Jersey

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Cuando tu vecino decide montar el Arca de Noé frente a tu casa

Imagínate pagar más de 11.000 dólares al año en impuestos para poder disfrutar de la tranquilidad de tu barrio residencial, abrir la ventana por la noche para que entre la brisa y… recibir una bofetada de olor a cabra macho y escuchar a un gallo desgañitándose a medianoche. Esta es la extravagante realidad que vive Tom Giattino, un residente de Jackson, Nueva Jersey, que ha llegado a su límite.

El bueno de Tom lleva meses enfrentándose al ayuntamiento porque, justo cruzando la calle en el 390 de Cobain Road, su vecino ha decidido que la vida residencial era muy aburrida. ¿La solución? Montar un zoológico interactivo ilegal y, de paso, una sinagoga improvisada en su propia casa.

La oferta de ocio: granja interactiva a 10 dólares

Según los orgullosos dueños del invento, la bautizada como Jackson Petting Farm es un negocio familiar de lo más bucólico. Las reseñas en internet lo pintan como un paraíso infantil por el módico precio de 10 dólares la entrada. En este singular ecosistema urbano, los visitantes pueden disfrutar de:

  • Alimentar con zanahorias a cabras, conejos, patos y ovejas.
  • Acariciar adorables perritos blancos de granja.
  • Un castillo hinchable para que los más pequeños reboten de felicidad (y ruido).
  • Baños portátiles que, según Tom, aportan un aroma «opresivo» a todo el vecindario.

Rezos, atascos y el canto del gallo noctámbulo

Pero el espectáculo no acaba con los animales. Giattino denuncia que la propiedad también funciona como un lugar de culto clandestino. Afirma que se celebran reuniones religiosas con al menos 60 personas en el interior de la vivienda unifamiliar.

Para acomodar a toda esta multitud, el propietario no se ha cortado un pelo y ha pavimentado una zona para crear un parking ilegal con capacidad para unos 20 coches por fin de semana. «Tengo niños en edad escolar y los gallos cantan repetidamente a medianoche, no a las 6 de la mañana, ¡a medianoche! Los perros ladran a todas horas. No puedo ni abrir las ventanas de mi casa para que entre aire fresco», relató Giattino, visiblemente indignado en la última reunión municipal.

«Llevo hablando con el ayuntamiento desde el año pasado y esto parece un cachondeo. La alcaldesa me aseguró que se haría algo hace más de seis meses… y no estoy más cerca de una solución que hace dos años.»

¿Y qué dice el Ayuntamiento de Jackson?

Mientras Tom ve cómo su barrio se ha convertido en una extraña mezcla entre la granja de Playmobil y un centro de convenciones, los responsables municipales aseguran estar trabajando en ello. El presidente del consejo, Mordechai Burnstein, afirmó que han introducido una nueva ordenanza para dar a la policía y a los inspectores las herramientas necesarias para actuar con éxito.

Por su parte, Giattino ha dejado claro que no piensa rendirse. Ya ha advertido de que si no se toman medidas reales, seguirá escalando sus quejas. Al fin y al cabo, si uno quiere convivir con rebaños, se muda al campo, no a una urbanización de Nueva Jersey.