Un vuelo a casa le sale carísimo: estudiante británico ‘deportado’ por un pequeño detalle de visado

0
0

Imagínate la escena: eres un chaval de 18 años, recién aterrizado en Estados Unidos, con tu plaza asegurada en la Universidad de Idaho. Tienes todo el entusiasmo del mundo, nuevos amigos, la aventura de una vida… ¡Hasta que decides hacer una escapadita! Luke William, nuestro protagonista, pensó que sería una idea fantástica volver a casa en el Reino Unido para una mini-vacación a las pocas semanas de empezar el curso. Total, ¿qué podría salir mal en un simple viaje de ida y vuelta?

Pues, queridos lectores, la respuesta es: ¡mucho! Y es que a veces, las letras pequeñas de los visados son más traicioneras que un plot twist en una serie de intriga. Luke había entrado en EE. UU. con un visado de turista B-2, una opción perfectamente válida para visitar el país, hacer turismo, ir de compras, o incluso, para qué engañarnos, ir a Disney. Pero lo que no está permitido bajo ese tipo de visado es… ¡estudiar! Para eso se necesita un visado F-1, el auténtico pasaporte para la vida universitaria americana.

El joven Luke, con toda su inocencia británica y sin mala fe, aterrizó en el aeropuerto internacional de Seattle-Tacoma para volver a su aventura universitaria. Allí, en la aduana, el agente de inmigración debió de sentir un escalofrío al ver el visado y la razón de su estancia. Una breve investigación bastó para desenmascarar el pastel: Luke estaba estudiando a tiempo completo, no haciendo turismo.

Y así, lo que prometía ser una vuelta triunfal al campus, se convirtió en una pesadilla digna de una película de sobremesa. Nuestro pobre Luke fue retenido durante diez horas, le tomaron las huellas dactilares y le fotografiaron como si fuera el criminal del siglo. ¿El resultado? Fue ‘deportado’ de vuelta al Reino Unido, con una prohibición de cinco años para pisar suelo estadounidense. ¡Cinco años! Para el pobre chaval, fue como un castigo divino por un despiste monumental.

La madre de Luke, Amanda, estaba, como es lógico, desolada. Habían gastado una fortuna en la educación de su hijo, y de repente, todo se venía abajo por un error administrativo. La universidad, por su parte, se mostró “decepcionada” y solo pudo lamentar lo ocurrido, recordándonos a todos la importancia de asegurarse de tener el visado correcto. Mientras tanto, Luke se quedó sin su ropa, sin sus libros y sin su portátil, atrapado en el Reino Unido y con el estómago revuelto. Así que, la próxima vez que penséis en volar al extranjero, recordad la odisea de Luke: un pequeño detalle en un papel puede convertir unas vacaciones en el principio de un exilio involuntario. ¡A leer la letra pequeña, que no os pase como a él!