
¡Atención, amantes de lo paranormal y vecinos con el sentido del humor activado! Preparaos para la noticia que nos llega desde la recóndita Pensilvania, donde parece que el mismísimo Bigfoot ha decidido dejarse ver, como quien va a por el pan, o mejor dicho, a por bayas silvestres. Un residente local, el intrépido John Harrison, nos ha regalado un relato que bien podría ser la sinopsis de una nueva película de serie B, pero que él jura y perjura que fue tan real como la factura de la luz.
Resulta que el bueno de John se encontraba tranquilamente por los alrededores de su casa en el condado de Perry cuando, de repente, ¡zas!, se topó con un ser de unos dos metros de altura, cubierto de pelo de arriba abajo y que andaba tan erguido como el más distinguido de los mayordomos. Pero no, no era su vecino de enfrente disfrazado para Halloween, ni un oso que se había puesto de pie para impresionar. Según Harrison, se trataba ni más ni menos que de un Bigfoot, el legendario peludo que nos tiene a todos en vilo desde hace décadas.
La escena, digna de un documental de National Geographic (pero con un protagonista más escurridizo), duró la friolera de diez minutos. John observó al ‘bicho’ a unos cien metros de distancia mientras este se dedicaba a… ¡buscar comida! Sí, amigos, parece que hasta los seres mitológicos tienen sus necesidades calóricas y sus antojos. Quién sabe, quizás el pobre estaba buscando un buen sitio para su pícnic dominical o simplemente se había quedado sin provisiones en su cueva.
Pero aquí viene lo bueno: para John Harrison, esto no es ninguna novedad. ¡Ni mucho menos! Este señor ya tiene su propio historial de encuentros cercanos del tercer tipo. Asegura que ya vio al grandullón en 1985 y de nuevo en 1993. Vamos, que para él, ver a Bigfoot es casi tan habitual como encontrarse al cartero. De hecho, ha reportado este último avistamiento a la prestigiosa Organización de Investigación de Bigfoot (BFRO, por sus siglas en inglés), donde ya lo tienen fichado como un testigo ‘creíble’ gracias a su informe de 1993. ¡Un currículum impecable para un observador de leyendas!
Harrison describe al ‘gentleman’ peludo como increíblemente rápido, capaz de cubrir distancias en un abrir y cerrar de ojos, lo que añade un toque de desafío para cualquiera que intente pillarle en plena faena. Y por si fuera poco, mencionó un olor muy particular que desprendía la criatura, algo que, a falta de fotos claras, añade ese toque extra de misterio olfativo. Así que ya sabéis, la próxima vez que os deis un paseo por Pensilvania y detectéis un aroma… peculiar, quizás no sea una barbacoa de un vecino, sino la visita sorpresa de nuestro amigo el Bigfoot. La leyenda sigue viva, y parece que muy activa en su búsqueda de tentempiés.
