A ver, que uno tiene prisa, pero esto ya es pasarse. En Nashville, Tennessee, la tranquilidad de un hospital se vio interrumpida por un suceso que bien podría ser el guion de una comedia de enredos de bajo presupuesto. Nuestro protagonista, un tipo de 28 años llamado Joshua Daniel Baker, decidió que los taxis eran para los débiles y optó por un método de transporte mucho más… ¿exótico?
La escena: personal médico del Centennial Medical Center estaba en plena faena, trasladando a un paciente al interior de una ambulancia. Un momento delicado, ¿verdad? Pues Baker, con una audacia digna de mejor causa, vio su oportunidad. ¿Qué hizo? Se subió al volante de la ambulancia y, sin pensarlo dos veces, ¡se dio a la fuga! Y sí, lo más surrealista de todo: el paciente, que estaba siendo atendido, seguía tranquilamente a bordo. Una especie de pasajero VIP involuntario para la aventura más loca de su vida.
Uno se imagina al paciente, ya con sus propios achaques, pensando: ‘¿Pero qué demonios está pasando aquí? ¿Es esta la ruta más rápida al hospital o es que me he colado en el Gran Premio de Tennessee?’. Mientras tanto, la policía no tardó en reaccionar. Gracias al GPS del vehículo, localizaron la ambulancia como si fuera un paquete de Amazon y se inició una persecución. Nada de grandes despliegues de coches volando, pero sí una carrera contra el tiempo para rescatar al ‘rehén’ médico.
La huida de Baker, como cabía esperar de una mente tan brillante, no tuvo un final feliz. Después de unos cuantos kilómetros de ‘turismo’ forzoso con su pasajero inesperado, la ambulancia encontró su destino final: un gigantesco contenedor de basura. ¡Crash! El sonido del metal retorcido marcó el fin de la aventura. Baker, en un último intento desesperado, intentó escapar a pie, pero la policía, que ya le respiraba en la nuca, lo atrapó en un santiamén.
Al final, nuestro peculiar conductor fue acusado de un buen surtido de delitos: robo de propiedad, robo de coche, evasión de la autoridad, conducción temeraria y conducir con el carné revocado. ¡Un completo! Lo más importante, por supuesto, es que el paciente salió ileso de esta odisea sobre ruedas y fue trasladado a otra ambulancia para recibir la atención que realmente necesitaba. La ambulancia, eso sí, acabó más bien para el desguace. Una lección: si tienes que robar, al menos que no sea con el ‘cliente’ dentro. Y si lo haces, ¡no aparques en un contenedor!




