
¿Quién no ha mirado alguna vez la receta de su médico con cara de póker, intentando descifrar si aquello era una ‘i’ o una ‘e’, o si el medicamento se llamaba ‘Panadol’ o ‘Pánfilo’? La caligrafía de los galenos es, desde tiempos inmemoriales, objeto de chistes y de, admitámoslo, alguna que otra preocupación. Pues bien, en la India han dicho ‘¡Basta ya!’ a este enigma.
La Alta Corte de Madrás, en un movimiento que podríamos calificar de ‘sentencia con lupa’, ha metido mano en el asunto. Su directriz es clara como el agua: a partir de ahora, los médicos deberán escribir sus prescripciones en letra de molde (¡sí, como los niños en el cole!) o, si les pica el gusanillo tecnológico, teclearlas directamente. Y todo esto, ¿por qué? Pues la razón es más seria de lo que parece: evitar errores médicos garrafales.
No es solo una cuestión de estética o de que el farmacéutico de turno se sienta como un egiptólogo descifrando jeroglíficos. Es una cuestión de vida o muerte. El tribunal se pronunció después de estudiar una petición presentada por una mujer cuyo marido falleció, presuntamente, por una medicación errónea. Una medicación que, lo adivinaste, venía escrita de forma tan ilegible que ni el mismísimo Sherlock Holmes la habría interpretado correctamente. El tribunal observó con preocupación cómo tanto pacientes como farmacéuticos se las ven y se las desean para entender lo que el doctor ha garabateado.
De hecho, la corte no se inventó la rueda. Recordó que ya existe una normativa, la Regulación de Conducta Profesional, Etiqueta y Ética del Consejo Médico de la India de 2002 (y las más recientes de 2023 de la Comisión Nacional Médica), que ya establecía la obligatoriedad de que las recetas fueran legibles. Pero claro, del dicho al hecho hay un trecho y, al parecer, una caligrafía que ni la Guardia Civil descifra.
Así que, para ponerle el cascabel al gato de una vez por todas, la corte ha ordenado al Ministerio de Salud y Bienestar Familiar de la Unión, a la Secretaría de Salud de Tamil Nadu y a la Comisión Nacional Médica que hagan circular esta directiva a lo largo y ancho del país. Y no solo eso, ¡también sugieren que las facultades de medicina se pongan las pilas y enseñen a los futuros doctores a escribir con un mínimo de decoro! Se acabó lo de ‘se entiende lo que pone’.
En resumen, lo que en muchos lugares sería una recomendación de buena práctica, en la India ha tenido que ser una orden judicial. Quizás la próxima vez que un médico español nos extienda una receta que parece escrita por un niño de tres años, podamos recordarle a nuestros colegas indios que la caligrafía no es un arte perdido, sino una necesidad vital.
