
Imagínate la escena: estás en una de las estaciones más concurridas de Europa, la mítica Waterloo en Londres, esperando tu tren con la calma de un martes por la mañana. De repente, un tren decide que las vías son demasiado ‘mainstream’ y se sale un poquito, pero a cámara lenta. Sí, como lo oyes. Un descarrilamiento, pero sin la velocidad y el dramatismo de las películas de Hollywood.
Esto es exactamente lo que ha pasado hoy. Un tren de la compañía South Western Railway (SWR) ha tenido un pequeño ‘traspié’ y ha descarrilado parcialmente a una velocidad tan baja que casi podrías haberlo visto venir y apostar a qué rueda se salía primero. El incidente ha tenido lugar en el andén 16, dejando una imagen de lo más curiosa: un tren ligeramente torcido, como si se hubiera despertado con tortícolis.
La mejor parte de esta historia tan peculiar es que, afortunadamente, nadie ha resultado herido. Ni pasajeros ni personal del tren han sufrido un solo rasguño, lo cual es un alivio tremendo. La peor parte, como te puedes imaginar, ha sido el caos monumental que se ha montado a continuación.
La estación de Waterloo se ha convertido en un tetris de trenes cancelados, retrasados y andenes fuera de servicio. Un portavoz de SWR ha salido a pedir disculpas por el ‘lío de tres pares de narices’ que se ha organizado, asegurando que están trabajando a toda mecha para solucionarlo. Network Rail, los responsables de la infraestructura, también se han sumado a las disculpas, conscientes del caos generado.
Mientras los pasajeros buscaban rutas alternativas y se armaban de paciencia, los expertos han entrado en escena. La Subdivisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (RAIB) ya ha sido notificada y, seguramente, sus inspectores ya están rascándose la cabeza intentando averiguar cómo es posible que un tren se salga de su camino circulando más despacio que una tortuga con prisa.
Así que, si hoy tenías pensado coger un tren en Waterloo, mejor que te lo pienses dos veces. El ‘pequeño’ desliz de este tren ha provocado un efecto dominó que durará, como mínimo, todo el día. Una anécdota ferroviaria que, por suerte, se queda solo en eso: una historia de un tren que un día decidió tomarse un desvío no programado y a su propio ritmo.
