Un Tiburón Blanco Se Apunta a un Pícnic Playero en Maine

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Los días de playa en Scarborough, Maine, suelen ser sinónimo de sol, arena y algún que otro bocadillo aplastado. Sin embargo, un día de agosto la rutina se rompió por un invitado inesperado con muy malas pulgas y una aleta dorsal de las que quitan el hipo. Un valiente (o muy suertudo) paddleboarder se convirtió en el cronista improvisado de una escena digna de un documental de naturaleza en riguroso directo.

¿El protagonista? Un tiburón blanco. ¿Su objetivo? Una foca que, probablemente, estaba teniendo el peor día de su vida. La persecución tuvo lugar peligrosamente cerca de la orilla de Higgins Beach, para asombro del deportista y pánico del personal. Como es lógico, el testigo no se lo pensó dos veces y dio la voz de alarma.

La policía de Scarborough, que seguramente prefiere lidiar con multas de aparcamiento que con depredadores marinos, se tomó el aviso muy en serio. Tras confirmar el avistamiento, lanzaron una advertencia clara a todos los bañistas: ‘Al agua, ni para mojar los pies’. Las playas de Higgins y Scarborough echaron el cierre a los nadadores durante al menos dos horas, tiempo suficiente para que el tiburón se fuera a buscar su almuerzo a otro sitio y los humanos meditaran sobre la cadena alimenticia.

Lo curioso es que este escualo no era un pionero. Apenas una semana antes, en la localidad vecina de Phippsburg, ya habían tenido que desalojar las aguas por un motivo similar. Parece que los tiburones blancos le han cogido el gusto a la costa de Maine como destino veraniego, aunque sus intenciones son bastante menos relajadas que las de los turistas.