Un profesor ruso, de la cátedra a las vías del tren por sus ideas

Un profesor ruso, de la cátedra a las vías del tren por sus ideas
Un profesor de Relaciones Internacionales fue condenado a 400 horas de servicios comunitarios, limpiando vías de tren, por un artículo online donde criticaba la política exterior rusa. La sentencia, inaudita para un académico, es vista como una medida de represión política contra la libertad de expresión.
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Imaginad la escena: un profesor universitario, de esos que debaten sobre política internacional en aulas llenas de futuros diplomáticos, de repente, con el mono de trabajo, pala en mano y quitando nieve de las vías del tren. Pues no es un chiste, aunque lo parezca. Esto le pasó a Andrei Zubov, un catedrático del prestigioso Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú (MGIMO).

¿Su ‘crimen’? Publicar un artículo en internet. Sí, habéis leído bien. En el año 2013, Zubov se atrevió a escribir un texto titulado ‘El coste de la soledad de Rusia’, donde, con toda la libertad académica del mundo (o eso creía él), expresaba su preocupación por la dirección de la política exterior de su país. Básicamente, abogaba por estrechar lazos con Occidente y advertía sobre los peligros de que Rusia se quedara aislada y rezagada. Un debate de altura, vamos.

Pero, ay, amigos, en ciertos lares, opinar es un deporte de riesgo. Un tribunal de Moscú lo declaró culpable de un delito tan vago como peligroso: ‘incitar al odio o la enemistad, o humillar la dignidad humana’. ¿Y cuál fue la pena para tan terrible transgresión dialéctica? Nada de multa, nada de arresto domiciliario. ¡400 horas de servicios comunitarios! Y no precisamente en una biblioteca o dando clases extra. Las tareas incluían limpiar nieve de las vías del tren y cargar residuos de construcción. De la teoría de las relaciones internacionales a la práctica de la pala y el pico en un santiamén.

El propio Zubov, ni corto ni perezoso, anunció que apelaría la decisión, tachándola de puramente política. Y no le faltaba razón. Se trataba del primer caso conocido en Rusia en el que un académico universitario era sentenciado a trabajos comunitarios por un artículo online. Vamos, un precedente que ponía los pelos de punta a cualquiera con dos dedos de frente y ganas de expresar una opinión.

Curiosamente, su universidad, el MGIMO, que inicialmente había salido en su defensa, terminó por retirar el polémico artículo de su página web. La presión, ya sabéis, es muy mala consejera. Y es que, al parecer, los grupos nacionalistas no estaban muy contentos con la ‘osadía’ del profesor Zubov. Al final, la historia del catedrático limpiador de vías es un recordatorio agridulce de que la libertad de expresión a veces viene con un billete de tren… y una pala.