Un preso se enfrenta a su peor condena: los disquetes

Un preso se enfrenta a su peor condena: los disquetes
Un exproductor musical, ahora en prisión, presenta una queja formal porque el juzgado le proporciona el masivo sumario de su caso en disquetes. Alega que esta "tecnología de la Edad de Piedra" le impide trabajar en su apelación, algo que el Estado considera "suficiente".
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Imagina que estás en 2013. Los smartphones ya dominan el mundo, el almacenamiento en la nube es algo común y los CDs casi parecen reliquias. Ahora imagina que estás en prisión, intentando preparar la apelación que podría cambiar tu vida, y la administración te entrega la prueba clave en… un disquete de 3,5 pulgadas. Pues deja de imaginar, porque es la pesadilla burocrática que le tocó vivir a David L. Jassy.

Jassy no era un cualquiera. Antes de ser condenado a cadena perpetua por asesinato en 2011, era un productor musical que había trabajado con artistas de la talla de Britney Spears o Sean ‘P. Diddy’ Combs. Vamos, que de tecnología algo sabía. Por eso, su sorpresa fue mayúscula cuando, al solicitar el sumario de su caso para preparar la defensa, recibió el material en el formato más noventero posible.

En una queja escrita a mano y enviada al tribunal, Jassy no se anduvo con rodeos. Calificó la tecnología de los disquetes como algo «de la Edad de Piedra» y, con toda la razón del mundo, se lamentó: «No tengo acceso a una disquetera». Y es que, ¿quién la tiene hoy en día, y más dentro de una cárcel? El archivo de su caso, descrito como «masivo», requeriría una cantidad incontable de estos pequeños artefactos de plástico, cada uno con su mísera capacidad de 1.44 MB. Una tarea titánica y, sobre todo, absurda.

Lo más surrealista de la historia no es la queja del preso, sino la respuesta del Estado de California. La oficina del fiscal general defendió su método con un argumento que es para enmarcar: entregar los archivos en disquetes es su «procedimiento operativo estándar» porque es «la manera más rentable». Sí, has leído bien. En plena era digital, el sistema judicial consideraba que ahorrar unos céntimos justificaba usar una tecnología completamente obsoleta para un asunto tan serio como una apelación de cadena perpetua.

Argumentaron también que su abogado sí había recibido el material en un DVD y que al propio Jassy se le habían facilitado copias en papel, por lo que consideraban que el acceso a la información era «suficiente». Pero para Jassy, que necesitaba trabajar directamente con los archivos electrónicos, aquello era un muro infranqueable.

La situación es el choque perfecto entre dos mundos: la dura realidad de un sistema penitenciario anclado en el pasado y la desesperación de un hombre que, irónicamente, venía de una de las industrias más avanzadas tecnológicamente. Un drama judicial con tintes de comedia de situación donde el villano principal no es un fiscal implacable, sino un humilde y obsoleto disquete.