
Imagínate la escena. Eres un joven de 24 años, trabajando en un bufete de abogados, y tu jefe, que además es un pez gordo de la política, te ofrece una Coca-Cola ‘especial’ para ayudarte con el estrés. Suena bien, ¿verdad? Pues la cosa se tuerce bastante rápido.
El jefe en cuestión es Don R. Vaughan, hasta hace nada presidente de la Junta Electoral de Carolina del Norte. El empleado, un joven que vio cómo su jornada laboral se convertía en un episodio de una serie muy extraña. Según la denuncia, después de beberse el refresco, que al parecer tenía un sabor ‘raro’, el joven empezó a sentirse grogui y aturdido. Fue entonces cuando Vaughan, ni corto ni perezoso, sacó un boli y, cual hipnotizador de feria, empezó a moverlo de un lado a otro mientras contaba hacia atrás.
La excusa oficial era que todo formaba parte de una técnica para ‘lidiar con el estrés y ser un mejor abogado’. Una especie de coaching ejecutivo llevado a un nivel… psicotrópico. Pero al empleado no le cuadraba, y con razón. Tan poco le cuadraba que, más listo que el hambre, decidió grabar en secreto una de estas ‘sesiones’ con su móvil. Además, guardó una de las latas de Coca-Cola para que la policía la analizara, no fuera a ser que la receta secreta incluyese algo más que azúcar y cafeína.
Las acusaciones son serias: tres cargos por agresión con lesiones corporales graves. Las órdenes de arresto especifican que la sustancia era un ‘narcótico, anestésico u otra sustancia estupefaciente’ usada con la intención de dejar a la víctima indefensa ‘para facilitar un acto delictivo posterior’. El empleado declaró a la policía que creía que su jefe pretendía que hiciera ‘cosas que no habría hecho de otra manera’. El asunto se pone aún más turbio cuando se sabe que Vaughan, supuestamente, le había pedido que fuera a su casa a nadar… en Speedo.
Como era de esperar, Vaughan ha dimitido de su cargo. Su abogado, por supuesto, niega todas las acusaciones. Un percal de manual que mezcla política, refrescos misteriosos y supuestas sesiones de hipnosis en la oficina. La próxima vez que tu jefe te ofrezca una bebida ‘especial’, quizás sea mejor pedir agua.
