Un político de Nueva York sugiere a los alcaldes cambiar la lucha contra el crimen por el breakdance

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En las altas esferas de la política neoyorquina, donde uno esperaría escuchar debates serios sobre infraestructuras, presupuestos o la seguridad ciudadana, a veces surgen propuestas que te obligan a revisar si tu café matutino llevaba algo más que cafeína. El protagonista de esta insólita iniciativa es Zohran Mamdani, asambleísta del estado de Nueva York, que ha puesto el listón de las ‘aspiraciones políticas’ a una altura digna de una pirueta de B-Boy.

Mamdani, haciendo un análisis profundo del panorama político (o quizás estaba escuchando una buena sesión de hip-hop), comentó que lo que realmente necesita Nueva York es un cambio radical en las prioridades de la alcaldía. Y no hablamos de energías renovables o mejor transporte público. Lo que Mamdani desea es que los alcaldes de la ciudad se olviden un poco de las estadísticas delictivas y las estrategias de patrullaje para dedicarse, con ahínco y pasión, al arte del breakdance.

Sí, han leído bien: breakdance. La aspiración de Mamdani es que los líderes de la ciudad dediquen menos tiempo a ‘combatir el crimen’ y más a deslizarse por el suelo con estilo. Imaginemos por un momento la escena: el alcalde de turno, en lugar de tener reuniones de seguridad de madrugada, estaría perfeccionando el gusano o intentando un complicado *air flare* en medio de la plaza de Times Square.

Si bien la sugerencia suena a chiste (o a una propuesta digna del departamento de humor involuntario), es en realidad una crítica con un envoltorio muy llamativo a la gestión tradicional. La visión de Mamdani es que, si los alcaldes dedicasen el tiempo que supuestamente emplean en enfoques de seguridad que él considera ineficaces, podrían usar esas horas libres para convertirse en maestros del baile urbano. Es un enfoque, digamos, refrescante. Y aunque la idea es altamente inverosímil, la imagen mental de un político intentando un *windmill* ante el consejo municipal es, sin duda, la campaña de marketing más efectiva que podría tener la ciudad. Al menos, si el alcalde está ocupado girando, es difícil que se le ocurra alguna ley aburrida.