
Agárrense los polos, porque la política estadounidense ha decidido darnos un giro helado. Randy Fine, un representante republicano del estado de Florida, famoso por su clima tropical, sus caimanes y sus eternas playas, ha lanzado una propuesta legislativa que haría palidecer al mismísimo Napoleón: ¡anexionarse Groenlandia!
Sí, has leído bien. Fine ha presentado la ‘House Memorial 1403’, una resolución que insta al Congreso de EE. UU. y al Presidente a negociar la compra inmediata de esta gigantesca isla ártica. Y aquí viene la guinda del pastel: si el trato se cierra, Groenlandia no se convertiría en un nuevo estado, sino en el 68º condado de Florida. La imagen mental de bañistas de Miami anexionando témpanos de hielo es, cuanto menos, hilarante. ¿Se imaginan la nueva normativa de urbanismo de Florida en las zonas de permafrost?
Fine, que no se caracteriza precisamente por la sutileza, ha justificado este movimiento con la seriedad que da la convicción —o quizá la sátira más brillante—. Según él, esta anexión es crucial para el futuro político de Florida. Al incorporar Groenlandia, Florida podría aumentar su base poblacional, ganar nuevos distritos congresionales y, lo más importante, sumar más votos electorales en las presidenciales. Es decir, una jugada maestra para aumentar el peso de Florida en Washington a costa de la tundra.
Para darle un barniz de legitimidad histórica, Fine compara su propuesta con la compra de Alaska por parte de EE. UU. en el siglo XIX, argumentando que la expansión territorial es una tradición americana. Aunque Groenlandia es territorialmente parte de Norteamérica, y su venta ha sido un tema de debate recurrente (recordemos que el expresidente Trump ya coqueteó con la idea), la realidad es que esta resolución de Florida tiene la misma autoridad para comprar un país que un cangrejo ermitaño para declarar la guerra.
El documento pide específicamente que se ejerza el poder de «anexión territorial pacífica» para que Groenlandia se convierta en una extensión del Sunshine State. Si bien la resolución es puramente simbólica, ya que la política exterior y las negociaciones internacionales son competencia federal, sirve como un magnífico ejemplo de teatro político de alto nivel, diseñado para llamar la atención. Pero oye, quizás pronto veamos autobuses turísticos llenos de floridanos buscando un poco de fresquito ártico en su nuevo ‘condado’ bajo el sol. Las clases de esquí y las de surf convivirían por fin.
