Un plan racista con un giro de guion inesperado

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Hay días en los que la realidad supera a cualquier guion de Hollywood, y luego está la historia de Terrell D. Fresneda en Luisiana. Una de esas crónicas que, si no estuviera confirmada, pensarías que es una broma de mal gusto.

La jornada prometía ser tranquila en un supermercado de LaPlace, hasta que Fresneda, de 24 años, decidió reescribir la tarde a base de balas y odio. Según las autoridades, el joven entró en el establecimiento con un objetivo muy claro y deleznable: disparar a personas negras. Cuatro personas, entre empleados y clientes, resultaron heridas. Por fortuna, y casi de milagro, ninguna de las heridas fue mortal.

Tras el ataque, Fresneda no se quedó a esperar los aplausos. Huyó y se atrincheró en su casa, dando comienzo a una tensa espera de dos horas con el equipo SWAT rodeando la vivienda. Aquí es donde la historia pega un volantazo y se adentra en el terreno de lo absurdo.

En medio de la negociación para que se entregara, con los nervios a flor de piel, el tirador soltó su única condición. A través del teléfono, le comunicó al sargento Todd Hymel, el negociador principal, que solo se rendiría si quien iba a detenerle era un agente negro. Sí, has leído bien. El hombre que presuntamente acababa de tirotear a varias personas por el color de su piel, exigía que un policía de esa misma raza fuera a por él.

La ironía de la situación no pasó desapercibida para el sheriff Mike Tregre, quien confirmó los hechos. El sargento Hymel, que casualmente es negro, fue quien se acercó a la puerta. Fresneda cumplió su palabra y se entregó sin oponer más resistencia.

El propio sheriff resumió la paradoja con una claridad pasmosa: ‘Sus motivos eran que no le gustaban los negros. Iba a matarlos… No sé qué problema tiene con la raza negra. Pero supongo que al final tuvo un cambio de opinión y quiso rendirse ante un agente negro’. Un final tan desconcertante como los motivos que iniciaron la tragedia, dejando a todos con más preguntas que respuestas.