Un perro, una escopeta y un disparo: el accidente de caza más insólito

Un perro, una escopeta y un disparo: el accidente de caza más insólito
En Enid, Oklahoma, un hombre fue disparado accidentalmente en la pierna por su perra, Molly, una mezcla de Rottweiler. Gary Dale Brown regresó de cazar, dejó una escopeta cargada en su cama, y la perra, al saltar, pisó el gatillo. La policía confirmó que fue un accidente insólito.
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A ver, que levante la mano quien no haya pensado alguna vez que su perro es un poco… especial. Pero lo de Molly, la perra mezcla de Rottweiler, supera cualquier expectativa. En Enid, Oklahoma, Gary Dale Brown, de 46 años, tuvo un día de caza que jamás olvidará, no precisamente por la pieza cobrada, sino por la que le cobró a él su propia mascota.

La escena es digna de una película de los hermanos Coen: Gary llega a casa después de una jornada de campo, cansado pero presumiblemente contento. Lo primero que hace, o al menos lo que nos ha llegado a oídos, es dejar su escopeta de calibre 12, sí, cargada, en la cama. ¿Un pequeño despiste? Quizás, pero uno con consecuencias explosivas.

Y aquí entra en acción la estrella de la función: Molly. Como buena perra que se precie, al ver a su humano, no pudo contener la alegría y ¡zas!, un salto para darle la bienvenida. El problema es que el aterrizaje de Molly no fue precisamente suave. Al brincar sobre la cama, sus patitas jugaron una mala pasada y, de alguna forma que desafía la lógica, una de ellas pisó el gatillo de la escopeta. ¡BUM!

El silencio de la casa se rompió con el estruendo. Gary, que se encontraba cerca, sintió un impacto seco en el muslo izquierdo. ¿Quién le ha disparado? ¿Un cazador furtivo en su propio dormitorio? No, era su adorable Molly, que acababa de dispararle en un accidente que la policía de Enid, con el teniente John Russell a la cabeza, no tardaría en confirmar como completamente fortuito.

Afortunadamente, la herida de Gary no fue grave y no puso en peligro su vida. En cuanto a Molly, la pobre no tenía ni idea del lío que había montado. El Control de Animales ni siquiera intervino, porque, seamos sinceros, ¿cómo vas a acusar a un perro de intento de homicidio? Fue un despiste humano con un giro canino inesperado.

Así que ya sabéis, amantes de los perros y de la caza, la próxima vez que lleguéis a casa con vuestras armas, pensad dos veces dónde las dejáis. No vaya a ser que vuestro mejor amigo, en un arrebato de cariño o pura torpeza, decida que es hora de cambiar los papeles y que el cazador sea el cazado. Porque, al final, la lección es clara: las mascotas son impredecibles, y las armas cargadas, mucho más. ¡Menudo cuadro!