Un oso de 136 kilos se echa la siesta debajo de una casa en California

Un oso de 136 kilos se echa la siesta debajo de una casa en California
Los vecinos de Altadena, California, se llevaron un susto de campeonato al descubrir que los ruidos nocturnos bajo su casa provenían de un oso pardo de 136 kilos que había montado su propio 'loft'. Tras un desalojo ruidoso y una siesta forzosa, el inquilino peludo fue realojado.
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Altadena, un tranquilo suburbio en las afueras de Los Ángeles, se ha convertido en el escenario de una de esas historias que solo pasan en América. Y es que, cuando uno llama a la policía por ruidos extraños, espera encontrarse con un mapache revoltoso, o quizás una tubería goteando. Pero lo que encontraron los agentes del Sheriff del Condado de Los Ángeles, Estación Altadena, es digno de guion de película de comedia.

Todo comenzó cuando unos vecinos notaron que su casa vibraba, pero no de la emoción, sino por unos gruñidos sospechosos que venían justo debajo de sus pies. ¿La fuente del ruido? Nada más y nada menos que un robusto oso pardo, de unos 136 kilos de pura masa peluda, que había decidido que el hueco sanitario de la casa era la suite perfecta para su hibernación improvisada. Un auténtico ‘okupa’ con garras y un apetito considerable.

Imaginemos la escena: el propietario llamando a emergencias diciendo: «Sí, disculpe, creo que tengo un inquilino de 300 libras roncando bajo el salón».

Los agentes del Sheriff acudieron raudos, y al confirmar que, efectivamente, el subsuelo albergaba a este gigante durmiente, tuvieron que recurrir al plan B: llamar a los especialistas en fauna salvaje. El oso, descrito como un macho adulto de 300 libras (unos 136 kg), estaba tranquilamente ‘echando un cabezazo’ bajo los cimientos.

El desalojo no fue sencillo. Parece ser que al oso le encantaba su nuevo cuchitril. Para sacarlo de su ‘dormitorio’ subterráneo sin recurrir a medidas extremas, los agentes y los expertos en vida silvestre tuvieron que emplear una combinación de ruidos fuertes y «golpecitos» (prodding) para convencer al plantígrado de que ya había pasado la hora del check-out.

Finalmente, el oso, probablemente molesto por el ruido que interrumpía su sueño de belleza, salió del hueco. Una vez al aire libre, y para asegurar un traslado seguro tanto para él como para los vecinos de Altadena, fue sedado con un dardo tranquilizante. La misión concluyó con éxito.

El oso fue realojado en una zona remota donde podrá disfrutar de la tranquilidad que tanto ansía, lejos de los cimientos de viviendas suburbanas. Un recordatorio de que, en California, el concepto de ‘compañero de piso inesperado’ puede llevarse al extremo más salvaje. Moraleja: revisa bien el contrato de alquiler, no vaya a ser que incluya cláusulas sobre osos okupas.