
A veces, no hace falta contratar a una consultora de imagen millonaria ni realizar auditorías de marca exhaustivas para encontrar un error en una gran corporación. A veces, basta con el ojo crítico de un niño de cinco años que siente verdadera pasión por la aviación y que tiene más atención al detalle que todo un departamento de mantenimiento.
Un ojo de lince en miniatura
Oliver, nuestro joven protagonista, estaba observando los aviones de Southwest Airlines cuando notó que algo no encajaba. Mientras el resto de los pasajeros se preocupaban por el embarque o el equipaje de mano, Oliver se fijó en el emblemático corazón tricolor que decora la panza de los aviones. Según su criterio experto, los colores o la disposición del diseño estaban mal ejecutados en una de las aeronaves, discrepando del estándar oficial de la compañía.
De la pista de aterrizaje a los despachos de Dallas
Lejos de ignorar la observación del pequeño, su familia contactó con la aerolínea para informar del hallazgo. La sorpresa fue mayúscula cuando Southwest Airlines no solo admitió que el niño tenía razón, sino que se quedaron alucinados con su capacidad de observación. Como recompensa, la compañía decidió invitar a Oliver y a su familia a su sede central en Dallas, donde fue recibido como una auténtica celebridad del diseño gráfico y la seguridad aérea. Está claro que, si Oliver sigue así, su primer empleo no será repartiendo periódicos, sino supervisando la imagen corporativa de las grandes flotas mundiales.
