
Imaginen la escena: son las 1:30 de la madrugada en un tranquilo barrio de Milwaukee, Wisconsin. El silencio nocturno es la banda sonora dominante… hasta que, de repente, irrumpe una melodía inconfundible, nostálgica y, para algunos vecinos, francamente inapropiada para esa hora. No se trataba de un DJ con los altavoces a tope ni de una orquesta sinfónica ensayando el *Réquiem*, sino de un hombre armado con un clarinete, entonando con fervor la pegadiza sintonía de *Los Cazafantasmas*.
El artista nocturno, cuyo nombre no ha trascendido en la mayoría de los medios, se encontraba interpretando el tema de Ray Parker Jr. con una energía digna de un concierto en el Madison Square Garden, pero el público, o al menos el vecindario más cercano, no estaba precisamente entregado a la causa. La serenata fantasmagórica resultó ser demasiado ‘spooky’ y ruidosa para los habitantes, que decidieron llamar a la policía.
Cuando los agentes se presentaron en el lugar, no encontraron un espectro neblinoso ni un moco verde gigante, sino a un individuo totalmente inmerso en su interpretación del «Who ya gonna call?». Según los informes, la policía solicitó al músico que pusiera fin a su recital improvisado de viento-madera, ya que estaba generando una clara alteración del orden y perturbando el descanso de los vecinos.
Sin embargo, el fervor artístico del clarinetista pudo más que la ley. Al parecer, este ‘Ghostbuster’ musical se negó a guardar el instrumento y siguió adelante con su peculiar serenata. Dada su resistencia y el ruido generado, los agentes no tuvieron más remedio que ponerle los grilletes y detenerlo por alteración del orden público.
La moraleja de esta surrealista historia es clara: si vas a tocar una canción con gancho en plena noche, asegúrate de que sea algo más relajante o, al menos, que no necesite de un volumen digno de una persecución de ectoplasmas. Definitivamente, la policía de Milwaukee no estaba de humor para enfrentarse a problemas sobrenaturales a esas horas, y mucho menos si venían acompañados de un clarinete desafinado por la emoción.
