Un mortal intenta comer las dietas imposibles de los jugadores de la NFL durante 48 horas

Un mortal intenta comer las dietas imposibles de los jugadores de la NFL durante 48 horas
Un reportero se enfrentó al desafío de seguir las dietas de dos estrellas de la NFL, J.J. Watt y Tom Brady, durante 48 horas. Las 9000 calorías del defensor le dejaron exhausto y empachado, mientras que el régimen orgánico y restrictivo del quarterback resultó ser aburrido e insípido.
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La vida es dura, pero las dietas de la NFL lo son más

Todos fantaseamos alguna vez con tener el físico de un atleta de élite. Ya sabes, esos cuerpos cincelados que parecen diseñados por un dios griego con tiempo libre. Pero lo que no se ve en el campo es la ingesta calórica brutal que acompaña a semejante máquina muscular. Nuestro valiente (o inconsciente) periodista, Luke Field, de Buzzfeed, decidió poner a prueba su estómago y su cordura intentando replicar durante dos días las dietas de dos titanes de la National Football League (NFL) con regímenes completamente opuestos: J.J. Watt y el mismísimo Tom Brady.

Prepárate para un viaje gastronómico donde la palabra ‘moderación’ ha sido extirpada quirúrgicamente.

El día de J.J. Watt: Una orgía calórica de 9000 calorías

J.J. Watt, el gigantesco defensor conocido por su potencia en el campo, no se anda con chiquitas a la hora de repostar. Su dieta habitual oscila entre las 6000 y las 9000 calorías, lo que para una persona normal es aproximadamente lo que necesita para tres o cuatro días. Y, ojo, estas calorías no vienen de patatas fritas; hablamos de comida real, densa y nutritiva.

Luke empezó el día con la ilusión de un niño en una pastelería, pero la realidad golpeó duro. El desayuno de Watt es legendario: una montaña de huevos, avena, salchicha y fruta, regado con zumo. Tras devorarlo, Luke ya se sentía lleno, y solo eran las 9 de la mañana.

A lo largo del día, tuvo que meterse entre pecho y espalda ingentes cantidades de proteínas y carbohidratos complejos. Piensa en pollo, arroz integral, más verduras de las que verás en una semana, un buen filete con patatas para cenar, y entre horas, batidos de proteínas que parecían cemento líquido y puñados de frutos secos. El objetivo no era disfrutar, sino sobrevivir a la digestión.

El periodista describió la experiencia como una carrera constante contra el reloj y el empacho. En lugar de sentirse energizado, la pura cantidad de comida le hacía sentirse «lento, agotado y dolorosamente hinchado». Básicamente, la sensación de la cena de Navidad multiplicada por tres. Aunque logró completar la misión, confirmó que ese volumen de ingesta solo tiene sentido si, como Watt, dedicas el resto del día a quemar calorías machacándote en el gimnasio o placando rivales de 130 kg.

Tom Brady: La dictadura del bienestar ‘TB12’

Si el día de Watt fue un desafío de volumen, el día de Tom Brady fue un desafío de restricciones. El legendario quarterback sigue la famosa dieta ‘TB12’, una filosofía alimentaria tan estricta que convierte a un monje en un hedonista. Este régimen es 100% orgánico, sin lácteos, sin gluten, sin azúcar, sin cafeína, sin aceites de cocina, y lo más curioso: sin ‘nightshades’.

¿Qué son los ‘nightshades’? Pues alimentos tan comunes como el tomate, la patata blanca, los pimientos y la berenjena. ¡Adiós a la salsa de tomate de la pasta! La razón es que Brady cree que pueden causar inflamación.

El día de Luke empezó con un batido de frutas, y la sensación de ligereza fue inmediata. La dieta es 80% verduras y cereales integrales, y 20% proteínas magras. Su almuerzo consistió en una ensalada que parecía recién recolectada de un jardín zen, y la cena, pescado cocido al vapor con verduras. Sano, sí. ¿Apasionante? En absoluto.

Además de la limitación de ingredientes, Brady impone reglas de hidratación espartanas. Hay que beber agua religiosamente a ciertas horas y, lo que es aún más raro, se prohíbe beber agua durante las comidas, ya que supuestamente diluye las enzimas digestivas.

El veredicto de Luke sobre la dieta de Brady fue claro: aunque se sintió increíblemente ligero, mentalmente fue agotador. La restricción constante hacía que anhelara sabores prohibidos y que la comida resultara «sorprendentemente insípida». Comer sano está bien, pero el régimen TB12 es tan exigente que parece diseñado para evitar cualquier atisbo de alegría culinaria.

Moraleja: Ni mucho ni tan poco

El experimento demostró que estas dietas no son estilos de vida, sino herramientas de rendimiento extremo. Si no estás quemando miles de calorías al día como J.J. Watt, intentar comer como él te convertirá en un tronco inmóvil. Y si te pasas al lado ‘TB12’, te arriesgas a que tu nevera parezca un herbario de hierbas. Mejor dejar estas hazañas dietéticas a los superhombres del césped.