Un masaje con un final demasiado cardíaco destapa un negocio ilegal en Colorado

Un masaje con un final demasiado cardíaco destapa un negocio ilegal en Colorado
Lo que prometía ser una tarde de relax en Colorado Springs terminó con un despliegue de desfibriladores y esposas. Un hombre sufrió un ataque al corazón durante un masaje, lo que llevó a la policía a descubrir que el establecimiento funcionaba realmente como un burdel clandestino con servicios extra.
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Hay días en los que es mejor no levantarse de la cama, y si lo haces, que sea para algo que no te mande directo a la unidad de cuidados intensivos. En la localidad de Colorado Springs, lo que parecía una cita discreta para recibir un masaje relajante se convirtió en el escenario de una comedia de enredos con un tinte bastante dramático y, desde luego, poco saludable.

Un servicio interrumpido por los paramédicos

Todo transcurría con relativa normalidad en el establecimiento hasta que el cliente, cuya identidad se ha mantenido en el anonimato (probablemente para evitarle un segundo infarto al ver la noticia), sufrió un ataque al corazón en pleno proceso. La emergencia era real y el pánico se apoderó del lugar. Ante la gravedad de la situación, no quedó más remedio que llamar al número de emergencias, lo que atrajo de inmediato a los sanitarios y, como suele ocurrir en estos casos, a la policía local.

De las camillas de masaje a las celdas de comisaría

Mientras los médicos hacían su magia para estabilizar el corazón del pobre hombre, los agentes que acudieron al aviso empezaron a notar que aquello no terminaba de encajar con un spa convencional. Tras una inspección del lugar y la recopilación de diversas pruebas, la evidencia fue aplastante: el local era una tapadera para ejercer la prostitución. La responsable del bienestar del cliente, una mujer de 49 años identificada como Xixia Li, acabó arrestada bajo cargos de prostitución tras comprobarse la verdadera naturaleza de los servicios que allí se prestaban.

Al final, el cliente salvó la vida gracias a la rápida intervención médica, aunque se llevó un susto que probablemente le quite las ganas de buscar relajación fuera de casa por una buena temporada. Por su parte, la señora Li tuvo que cambiar el aceite de masaje por la tinta para huellas dactilares en la comisaría. Una jornada, sin duda, de esas que te dejan las pulsaciones a mil por los motivos equivocados.