El tamaño no importa (o eso dice él)
La inmensidad del Océano Atlántico suele inspirar respeto y requerir embarcaciones colosales para ser domado, pero para algunos aventureros de pura cepa, cruzarlo en un yate es demasiado fácil. Este es el caso de un intrépido marinero que ha decidido que la mejor manera de enfrentarse a la furia de los mares es a bordo de un barco que apenas supera el tamaño de una caja de zapatos grande.
Un récord muy apretado
Tras un primer intento que, literalmente, hizo aguas poco después de abandonar la costa, nuestro protagonista ha decidido que rendirse no entra en sus planes. Con su embarcación minúscula, un auténtico microbarco diseñado milímetro a milímetro para aprovechar el más mínimo espacio vital, se prepara para su segundo gran asalto.
- El objetivo: Batir el récord mundial histórico de la travesía atlántica en el barco más pequeño jamás construido.
- La embarcación: Un bote de aproximadamente un metro de eslora donde no hay espacio ni para estirar las piernas. Prácticamente, navegará los próximos meses en posición fetal.
- El menú de a bordo: Alimentos hiperdeshidratados pegados estratégicamente a las paredes del casco interior para ahorrar espacio de almacenamiento.
La revancha contra Poseidón
Su primera aventura terminó de forma abrupta y pasada por agua. Cualquiera en su sano juicio habría vendido esa cáscara de nuez y se habría comprado un billete de avión cómodo, pero la terquedad de los marineros de récord es de otro planeta.
«El mar me ganó el primer asalto y encontró mis puntos débiles, pero he reforzado el casco y estoy más que listo para la revancha», afirma con convicción.
Los ingenieros navales se echan las manos a la cabeza ante tal atrevimiento, pero los fanáticos de las hazañas extravagantes están de enhorabuena. El rediseño incluye mejoras críticas para evitar hundirse a los cinco minutos y garantizar que este minúsculo tupperware flotante pueda resistir olas gigantes, tormentas oceánicas y la siempre presente posibilidad de que algún despistado cachalote lo confunda con un aperitivo flotante.
Habrá que estar muy atentos a las coordenadas del radar para ver si esta vez el marinero más apretujado del mundo logra llegar a buen puerto y coronarse, o si, por el contrario, vuelve a necesitar un rescate antes de perder de vista la costa americana.




