Un mapache se monta la fiesta del siglo en una licorería y acaba KO

Un mapache se monta la fiesta del siglo en una licorería y acaba KO
Un mapache fue hallado borracho y desmayado en una licorería de Huntington, Virginia Occidental. Tras colarse por un conducto y, probablemente, pasarse con el "happy hour" de los licores, este fiestero peludo fue rescatado por control animal y enviado a rehabilitación. ¡Una resaca de leyenda!
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¡Atención, amantes de las historias de animales con un toque de picaresca! Porque lo que os traemos hoy supera cualquier guion de película. Imaginad la escena: una mañana cualquiera en Huntington, Virginia Occidental. Un empleado de la licorería 707 se dispone a abrir, esperando la rutina de siempre. Pero lo que encontró no fue precisamente un cliente impaciente, sino una criatura peluda, con antifaz natural y unas copitas de más… ¡un mapache borracho y completamente “KO”! Este pequeño juerguista, con más instinto de ‘gamberro’ que de animal silvestre, parece haber encontrado su particular ‘happy hour’ tras colarse por un conducto de ventilación. ¿Qué hizo una vez dentro? Bueno, la versión oficial es que pudo haber ingerido algo de alcohol o, más probable, se dio un festín con alguna bebida azucarada que ya había fermentado. Sea como fuere, el resultado fue el mismo: un mapache con una cogorza de aúpa, despatarrado en el suelo como si hubiera cerrado la barra él solito.

La sorpresa del empleado fue mayúscula, claro. ¿Quién no se esperaría ver a un mapache haciendo la croqueta entre las botellas de whisky? Rápidamente se contactó con la autoridad local para ver cómo se gestionaba a este peculiar «cliente». Y ahí entró en acción la oficial Jennifer Casey, de control animal, que seguro no esperaba un caso como este en su turno.

Al principio, nuestro amigo mapache, con el alcohol todavía haciendo de las suyas, se puso un poco «farruco», mostrando un temperamento digno de quien acaba de ser despertado de su borrachera. Un manotazo por aquí, un gruñido por allá… Pero la resaca es traicionera, y en poco tiempo, volvió a caer rendido, quizás soñando con aquella botella de licor de cereza que le había tentado tanto. La oficial Casey, con toda la profesionalidad del mundo y quizás alguna risa contenida, logró meter al dormilón en una jaula.

El destino final de este «animal de fiesta» no fue la comisaría, sino un centro de rehabilitación de fauna silvestre. Allí, nuestro protagonista peludo podrá recuperarse de su épica resaca y aprender que las fiestas en licorerías ajenas, y más aún si son ilegales, tienen sus consecuencias. ¡Esperemos que la próxima vez se conforme con unas bayas bien maduras y no con la sección de espirituosos! Una historia que nos recuerda que la vida silvestre siempre nos puede sorprender con las situaciones más surrealistas.