
¿Quién dijo que solo los humanos saben pasarse con las copas? En la pequeña localidad de Lauingen, Alemania, un mapache decidió dar una lección magistral sobre qué significa una noche de desenfreno. Imagina la escena: son las cuatro de la mañana, todo está en silencio, y de repente, la policía recibe una llamada inusual. No es un robo, ni una pelea… ¡es un mapache borracho como una cuba!
Nuestros intrépidos agentes llegaron a la licorería para encontrarse con el culpable del jaleo, un mapache que, para ser sinceros, había tenido una noche épica. Estaba tan ‘cocido’ que se había desmayado en el local. Al principio, hubo cierta confusión: ¿era un tejón? ¿Un bicho raro? Rápidamente, activistas locales de derechos de los animales confirmaron la identidad del «sospechoso»: un mapache en toda regla, y con una cogorza de las que hacen historia.
Según las teorías, el pequeño fiestero probablemente andaba buscando algo de comida y, en su periplo, se topó con una oportunidad de oro: ¡alcohol! Y claro, una cosa llevó a la otra. La policía, lejos de detenerlo (¿cómo se arresta a un mapache por embriaguez pública?), decidió actuar con clemencia. Lejos de esposarlo, los agentes se dedicaron a limpiar al pobre animal, que seguramente estaba empapado en algún brebaje espirituoso después de su ‘degustación’ clandestina.
Una vez que el mapache estuvo presentable y, suponemos, un poco más lúcido (o al menos no inconsciente), fue liberado de nuevo en la naturaleza. ¡Vaya historia que tendrá que contar a sus colegas mapaches! Desde luego, este incidente en Lauingen nos demuestra que las fiestas salvajes no son exclusivas de nuestra especie. Quién sabe, a lo mejor ahora es el líder de una nueva tendencia de ‘botellones’ forestales. Eso sí, esperemos que la próxima vez pida un taxi o, al menos, se modere un poquito.
