
¡Atención, amantes de las historias de “tierra trágame” y crímenes con un toque de genialidad… o la falta total de ella! Si pensabais que lo habíais visto todo en cuanto a meteduras de pata, preparaos, porque la saga de Jarrod Mangels os dejará con la boca abierta y, probablemente, una carcajada. Este joven de Nueva Zelanda nos ha regalado una lección magistral sobre qué *no* hacer si decides convertirte en un presunto ladrón, especialmente si tu víctima es tu exnovia y tú eres un fan empedernido de Facebook.
La historia, que parece sacada de un guion de comedia negra, comienza con Jarrod, de 22 años, y Kiri Campbell, su ex. Después de que Jarrod se alojara en casa de Kiri durante unas semanas –sí, ya podéis ir oliendo el drama–, la relación se agrió y el joven se marchó. Pero, aparentemente, no quiso irse con las manos vacías. ¡Para nada! Según la acusación, Jarrod decidió llevarse consigo una serie de «recuerdos» de su estancia, incluyendo un Ford Fairmont, una nevera, un microondas, un horno y, de propina, algunas otras pertenencias de Kiri. Un botín bastante variado, ¿verdad? Uno pensaría que, tras un robo de tal magnitud, el objetivo principal sería pasar desapercibido, mantener un perfil bajo. Pues bien, Jarrod no opinaba lo mismo.
La sorpresa llegó para Kiri cuando, ojeando su feed de Facebook, se encontró con una serie de publicaciones que le hicieron dudar de si estaba viviendo una broma pesada o un episodio de «Crónica Marciana» en directo. Jarrod, ni corto ni perezoso, había subido fotos a su perfil presumiendo de sus nuevas adquisiciones. ¿Podéis imaginarlo? Frases como «Tengo un coche gratis», «comida gratis» o «un horno gratis», coronadas con un simpático «jaja, gracias Kiri», adornaban su muro. Sí, leyéndolo así parece una invención, pero es lo que la propia Kiri Campbell declaró, con un nivel de estupefacción que podemos comprender perfectamente: «No me lo podía creer. No pensé que alguien pudiera ser tan estúpido». Un sentimiento que, seguramente, compartimos muchos al enterarnos de la noticia.
La policía, al ser alertada por una Kiri atónita, no tardó en confirmar la veracidad de las publicaciones en Facebook. Las pruebas eran, digamos, «demasiado evidentes». Jarrod Mangels fue acusado de robo y tuvo que presentarse ante el Tribunal de Distrito de Christchurch. Aunque, cuando fue contactado por Stuff.co.nz, el joven negó las acusaciones, el daño ya estaba hecho.
Este caso nos recuerda que, en la era digital, las pruebas a veces se generan solas, y la discreción es una virtud que algunos, por lo visto, decidieron saltarse a la torera. Así que ya sabéis, si alguna vez tenéis la tentación de «pillar algo prestado sin permiso», al menos tened la decencia de no hacer un reportaje fotográfico para vuestras redes sociales. Vuestro futuro yo (y vuestros abogados) os lo agradecerán.
