¡Agárrense, que vienen curvas en el juzgado! Parece que la inteligencia artificial no solo está para escribir poemas o hacer que te parezcas a un elfo en Instagram, sino que algunos ya intentan meterla hasta en los procedimientos legales más serios. Y claro, si intentas colar un abogado ‘fake’ ante la toga, lo normal es que te caiga una bronca de campeonato.
La protagonista de este despropósito digital es Lindsey Halligan, una señora que, por razones que solo ella conoce, decidió que la mejor manera de enfrentarse al sistema legal era… bueno, haciendo que su representante legal pareciera salido de un generador de imágenes o avatares de IA. La cosa es que el supuesto «abogado» levantó más sospechas en el juzgado que un político prometiendo impuestos bajos. El caso, desde luego, huele a chamusquina tecnológica.
El asunto ha ocurrido, como no podía ser de otra manera, en un tribunal estadounidense (en la soleada Florida), donde el juez ha tenido que armarse de paciencia y pluma para emitir una orden que es, francamente, hilarante y digna de ser expuesta en un museo de la historia legal. El magistrado ha pillado el pastel y no se lo ha pensado dos veces: le ha ordenado a Halligan presentarse en el tribunal y, lo más importante, explicar el porqué del representante legal fantasma.
Según la orden judicial emitida, se requiere una explicación exhaustiva de la identidad de la persona (o lo que sea) que actualmente la representa en el caso. Y es que el señor juez tiene la sospecha (fundada, diríamos, dado el contexto) de que la abogada o abogado que supuestamente lleva el caso de Halligan es, directamente, una invención digital. ¡Un abogado con menos existencia y documentación que un billete de tres euros!
Esto plantea una serie de preguntas existenciales que van más allá del simple procedimiento judicial: ¿Intentaba Halligan ahorrarse los honorarios con un PNG parlante? ¿Usaba el modo ‘juicio rápido’ de ChatGPT? ¿O quizás simplemente pensó que un rostro perfectamente simétrico y sin poros generado por algoritmos generaría más confianza en el jurado? Sea cual sea la respuesta, lo cierto es que la tecnología y la justicia están teniendo un choque frontal con consecuencias muy serias. Estaremos atentos para ver si el abogado fantasma se presenta en la audiencia… o si la conexión a internet le falla justo en el momento clave.




