
En un giro de guion que ni la mejor telenovela india podría haber imaginado, Mohammad Murtaza, un vecino de 50 años de Uttar Pradesh, decidió llevar el concepto de ‘saber quién te quiere’ al extremo más… digamos, mortuorio. Nuestro protagonista, ni corto ni perezoso, orquestó su propia defunción para comprobar, de primera mano, quién se dignaría a acudir a su último adiós. Un plan maestro, o eso creía él, para poner a prueba los lazos familiares y de amistad.
La farsa comenzó con un ‘accidente’ digno de Hollywood de bajo presupuesto. Murtaza, con la inestimable ayuda de su sobrino, difundió la noticia de su prematuro fallecimiento. Imagina la escena: el sobrino llamando a la puerta, con la cara compungida, anunciando la trágica partida de su tío. Lágrimas, sollozos… o al menos eso esperaban. Se preparó un ‘funeral’ improvisado, con todas las de la ley, o casi. La expectación era máxima, sobre todo para el ‘difunto’, que probablemente observaba desde algún rincón discreto.
Llegó el día del gran evento y, ¡oh, sorpresa!, el experimento social no resultó ser el éxito multitudinario que Murtaza quizás soñaba. Apenas una docena de personas se presentaron para presentar sus respetos al supuestamente finado. Poca afluencia para tanto ‘drama’, ¿verdad? Parece que la lista de ‘amigos de verdad’ era más corta de lo que pensaba. Pero la cosa se torció aún más cuando la hermana de Murtaza, con más olfato que un sabueso, decidió que algo no cuadraba. ¿Demasiado silencio? ¿Poca pena? ¿O quizás su hermano siempre fue un poco ‘teatrero’?
Total, que la hermana no se lo pensó dos veces y presentó una denuncia formal. La policía de Uttar Pradesh, ni corta ni perezosa, se puso manos a la obra. Tras una investigación que, imaginamos, no fue excesivamente complicada (¡el muerto estaba vivo!), el pastel salió a la luz. Mohammad Murtaza no solo no estaba muerto, sino que estaba más vivo y con más problemas que nunca.
El ‘muertito’ fue arrestado y ahora se enfrenta a cargos por fraude (sección 419 del Código Penal indio) y por dar información falsa a un funcionario público (sección 182). Vamos, que la bromita le va a salir bastante cara, y no solo en reputación. Así que ya sabéis, si alguna vez os entra la vena dramática y queréis saber quién os aprecia, quizás un ‘ghosting’ temporal en redes sociales sea una opción menos arriesgada que fingir el fin de vuestra propia existencia.
