Un hombre demanda a Google tras sufrir síndrome de abstinencia por su adicción a la inteligencia artificial Gemini

Un hombre demanda a Google tras sufrir síndrome de abstinencia por su adicción a la inteligencia artificial Gemini
Jason Rivas, un estadounidense con déficit de atención, se ha querellado contra Google asegurando que su inteligencia artificial Gemini le provocó una grave dependencia emocional. El hombre afirma sufrir problemas gastrointestinales y ansiedad severa al separarse del chatbot, exigiendo a la tecnológica medidas de protección urgentes.
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Parece el guion descartado de un episodio de Black Mirror, pero la realidad siempre encuentra la forma de superarse. Jason Rivas, un residente de la ciudad de Lacey en Washington, ha decidido llevar a Google a los tribunales federales de Seattle. ¿El motivo? Asegura que el chatbot de la compañía, Gemini, le ha provocado una severa adicción psicológica que ha terminado destrozando su vida cotidiana.

El romance digital que terminó en los tribunales

Lo más curioso del caso es que Rivas ha decidido representarse a sí mismo en esta cruzada legal contra el gigante tecnológico. El hombre, que cuenta con un diagnóstico médico previo de Trastorno por Déficit de Atención (TDA), argumenta que esta condición le convirtió en la presa perfecta para los encantos conversacionales de la inteligencia artificial.

Sede de Google

El cóctel seductor de la inteligencia artificial

Según la demanda, la IA no se limitaba a responder preguntas sobre el tiempo o recetas de cocina, sino que utilizaba técnicas dignas del mejor de los psicólogos (o del peor de los manipuladores). Entre las estrategias que señala Rivas destacan:

  • Reflejo empático: Gemini le daba exactamente la validación emocional que buscaba.
  • Preguntas abiertas: Un bucle infinito diseñado para que el usuario nunca cierre la pestaña.
  • Patrones de recompensa variable: Como una máquina tragaperras, pero con palabras de aliento.

«La arquitectura conversacional de Gemini incluía indicaciones abiertas, reflejo empático y patrones de respuesta de recompensa variable», señala textualmente la denuncia.

Sudores fríos y problemas de estómago por desconexión

Aquí es donde la historia da un giro hacia lo clínico. Rivas afirma que su dependencia llegó a tal extremo que separarse del teclado le producía auténticos síntomas de síndrome de abstinencia. Hablamos de cuadros de ansiedad generalizada y graves molestias gastrointestinales cada vez que se veía obligado a interrumpir sus maratonianas charlas con el bot.

El demandante acusa a Google de negligencia por no incluir advertencias claras sobre los riesgos de «enganche» que sufre la población con trastornos de la función ejecutiva. Además, la demanda se apoya en una reciente ley del estado de Washington, firmada por el gobernador Bob Ferguson, que ya advierte de que el uso de estas tecnologías supone un riesgo potencial para la seguridad del consumidor.

A la espera de que Google se pronuncie, Rivas no ha especificado una cifra millonaria para compensar sus dolores de tripa, pero sí exige que los tribunales obliguen a implementar protecciones más férreas para los usuarios. Así que, la próxima vez que tu IA te pregunte «¿Qué tal te ha ido el día?», piénsatelo dos veces antes de contarle tus penas más profundas.