Un héroe de la bici pública gana una apuesta épica de Londres a París

Un héroe de la bici pública gana una apuesta épica de Londres a París
Thomas Rider, un aventurero británico, se propuso el desafío de ir de Londres a París en menos de 24 horas usando solo una pesada Santander Cycle, la famosa 'Boris Bike'. Cubrió 300 km en 23 horas y 15 minutos, ganando una apuesta de 1.000 libras y recaudando fondos benéficos con esta hazaña.
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Prepárense para conocer al nuevo ídolo del ciclismo urbano. Olvidad las bicicletas de fibra de carbono ultraligeras; el verdadero desafío está en el hierro pesado. Thomas Rider, un intrépido británico con demasiado tiempo libre y una sed insaciable de gloria, se propuso una apuesta con su amigo que parecía sacada de una película de comedia británica. El reto: recorrer la distancia entre Londres y París en menos de 24 horas. ¿La condición? Tenía que hacerlo en una ‘Boris Bike’, o como se conocen oficialmente, una Santander Cycle, de alquiler público.

Para aquellos que no las conozcan, estas bicis son gloriosos tanques de guerra urbanos. Pesan la friolera de 23 kilogramos (¡casi el doble que una de carretera decente!) y, por si fuera poco, solo tienen tres marchas, lo que las convierte en la pesadilla de cualquier cuesta. Son perfectas para ir al quiosco o al metro, no para una odisea transnacional. Pero Rider aceptó el desafío con la seriedad que merece una apuesta de 1.000 libras esterlinas.

El viaje, que cubrió unos impresionantes 300 kilómetros (186 millas), incluyó el tramo de ferry necesario para cruzar el Canal de la Mancha. Thomas pedaleó como si no hubiera mañana, enfrentándose a la pesadez de su máquina infernal y a las miradas de incredulidad de la gente que se cruzaba. Tras 23 horas y 15 minutos de agonía pedaleante, llegó a la capital francesa, victorioso y con las piernas totalmente destrozadas.

La recompensa no fue solo la gloria y el alivio de haber terminado, sino 1.000 libras (alrededor de 1.180 euros) que su amigo tuvo que pagarle. Además, Rider aprovechó su locura para recaudar fondos para una causa benéfica, dándole un toque de nobleza a su gesta. Al llegar, agotado pero eufórico, su celebración fue tan británica como el propio desafío: una merecida pinta de cerveza. Un brindis por Thomas, el hombre que demostró que el verdadero espíritu aventurero no necesita equipamiento de alta gama, solo un par de piernas fuertes y una bicicleta que parece hecha de plomo.