Parece una broma sacada de un guion de comedia negra, pero es la realidad del mercado energético actual. Drax, el gigante que antaño reinaba con el carbón, ha encontrado la gallina de los huevos de oro en una práctica que tiene a medio mundo con la ceja levantada: quemar madera a mansalva y, encima, cobrar por ello. La compañía ha logrado un beneficio fiscal de nada menos que 370 millones de dólares por su actividad con la biomasa.
El arte de quemar árboles y llamarlo ecología
La estrategia es tan simple como surrealista. Se cogen árboles de bosques, se trituran para hacer pellets y se queman en centrales térmicas. Según las reglas del juego actual, esto se etiqueta como energía renovable, lo que abre el grifo de las subvenciones y las ventajas impositivas. Es el truco de magia definitivo: conviertes un bosque en humo y el Estado te devuelve una pasta gansa en impuestos que no tienes que pagar.
Críticas en llamas por el origen de la madera
Como era de esperar, a los grupos ecologistas no les hace ni pizca de gracia. Denuncian que la escala a la que Drax consume madera es insostenible y que el impacto en la biodiversidad es nefasto, ya que se están procesando árboles enteros en lugar de simples residuos. Sin embargo, mientras la normativa siga considerando que el humo de la madera es más «limpio» que el del carbón para las estadísticas oficiales, la empresa seguirá frotándose las manos con estos incentivos millonarios. Es, sin duda, una de las formas más extravagantes y lucrativas de entender la transición energética en pleno siglo XXI.




